¡Ay, Dios mío! Quién lo diría, mi gente. Cartago, la cuna de nuestra república, conocida por sus paisajes bonitos y su gente tranquila, ahora anda que echa humo. Parece mentira, pero estamos hablando de ocho homicidios en apenas unas semanitas de este 2026. ¡Una torta! Esto ha levantado polvo y puso a temblar a todos, desde el vecino hasta el alcalde.
Históricamente, Cartago siempre fue un oasis de paz comparado con otros rincones del país. Mientras que San José y Limón andaban sudando la gota gorda con la delincuencia, acá nos tomábamos las cosas con calma, saboreando nuestro café y disfrutando del clima fresco de las montañas. Pero parece que esos tiempos quedaron atrás. Ahora, tenemos que abrir bien los ojos porque la maraña criminal se metió hasta en nuestras casas.
El caso más reciente, tremendo, ocurrió allá por el proyecto Manuel de Jesús Jiménez en San Francisco. Un ataque armado a plena luz del día dejó a alguien sin vida y a tres más buscando quién sabe qué. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), unos tipos llegaron en moto, desenfundaron sus armas y abrieron fuego contra un grupo de personas inocentes que estaban platicando tranquilamente. ¡Imagínate!, ahí mismo, en la calle, ¡qué nivel de barbarie! Y encima, recolectaron más de sesenta casquillos… una avalancha de balas que da escalofríos solamente de pensarlo.
Pero eso no es todo, amigos. Este lamentable hecho es solo la punta del iceberg. Antes tuvimos un triple homicidio en Río Azul de La Unión, un doble asesinato que sacudió a Pejibaye de Tucurrique – ¡allá donde casi nadie conocía esa clase de violencia! – y hasta un atentado a sangre fría en pleno centro de Cartago, a pocos pasos de los locales comerciales. Uno se queda pensando: ¿hasta dónde vamos a llegar?
Y lo peor de todo es que muchos dicen que estos crímenes están relacionados, que se trata de ajustes de cuentas, disputas por territorio y mafias que antes operaban en otras provincias. ¡Qué sal! Que ahora hayan traído sus negocios turbios hasta acá. Ya no hay quien pueda dormir tranquilo, diay. Porque la verdad, uno se siente vulnerable, preguntándose si al salir de casa va a regresar ileso.
Expertos en seguridad están diciendo que el desplazamiento de bandas criminales, la fácil disponibilidad de armas de fuego potentes y la falta de policías en algunas áreas contribuyen a este panorama oscuro. Es como si hubiéramos bajado la guardia, permitiendo que la delincuencia se arraigue en nuestra tierra. Ahora toca trabajar duro, pedirle a las autoridades que pongan leña al fuego y que implementen medidas efectivas para recuperar la tranquilidad que tanto extrañamos.
Los vecinos, obviamente, están espantados. Han pedido a gritos más patrullaje policial, más presencia de las fuerzas de orden en los barrios y más acciones preventivas. Dicen que quieren sentirse seguros, que quieren poder caminar por la calle sin tener que mirar por encima del hombro. Entiendo perfectamente cómo se sienten. Yo también soy cartaginés y me duele ver cómo nuestra querida provincia se transforma en un lugar peligroso. El OIJ dice que están investigando a toda máquina, analizando videos de cámaras de seguridad y tratando de unir todas las piezas del rompecabezas. Pero reconocen que la presión es grande, pues la violencia está aumentando en todo el país.
En fin, mi gente, este inicio de año nos ha dejado claro que la seguridad ciudadana es un tema que debemos tomar con mucha seriedad. Con ocho homicidios en pocas semanas, Cartago se une a la lista de provincias golpeadas por la violencia. Necesitamos la ayuda de todos: denunciemos cualquier actividad sospechosa, colaboremos con las autoridades y exijamos resultados. ¿Ustedes creen que la solución pasa por aumentar la inversión en seguridad pública, fortalecer la policía o implementar programas sociales para evitar que los jóvenes caigan en las garras del crimen? Déjenme sus opiniones en los comentarios, ¡quiero saber qué piensan!
Históricamente, Cartago siempre fue un oasis de paz comparado con otros rincones del país. Mientras que San José y Limón andaban sudando la gota gorda con la delincuencia, acá nos tomábamos las cosas con calma, saboreando nuestro café y disfrutando del clima fresco de las montañas. Pero parece que esos tiempos quedaron atrás. Ahora, tenemos que abrir bien los ojos porque la maraña criminal se metió hasta en nuestras casas.
El caso más reciente, tremendo, ocurrió allá por el proyecto Manuel de Jesús Jiménez en San Francisco. Un ataque armado a plena luz del día dejó a alguien sin vida y a tres más buscando quién sabe qué. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), unos tipos llegaron en moto, desenfundaron sus armas y abrieron fuego contra un grupo de personas inocentes que estaban platicando tranquilamente. ¡Imagínate!, ahí mismo, en la calle, ¡qué nivel de barbarie! Y encima, recolectaron más de sesenta casquillos… una avalancha de balas que da escalofríos solamente de pensarlo.
Pero eso no es todo, amigos. Este lamentable hecho es solo la punta del iceberg. Antes tuvimos un triple homicidio en Río Azul de La Unión, un doble asesinato que sacudió a Pejibaye de Tucurrique – ¡allá donde casi nadie conocía esa clase de violencia! – y hasta un atentado a sangre fría en pleno centro de Cartago, a pocos pasos de los locales comerciales. Uno se queda pensando: ¿hasta dónde vamos a llegar?
Y lo peor de todo es que muchos dicen que estos crímenes están relacionados, que se trata de ajustes de cuentas, disputas por territorio y mafias que antes operaban en otras provincias. ¡Qué sal! Que ahora hayan traído sus negocios turbios hasta acá. Ya no hay quien pueda dormir tranquilo, diay. Porque la verdad, uno se siente vulnerable, preguntándose si al salir de casa va a regresar ileso.
Expertos en seguridad están diciendo que el desplazamiento de bandas criminales, la fácil disponibilidad de armas de fuego potentes y la falta de policías en algunas áreas contribuyen a este panorama oscuro. Es como si hubiéramos bajado la guardia, permitiendo que la delincuencia se arraigue en nuestra tierra. Ahora toca trabajar duro, pedirle a las autoridades que pongan leña al fuego y que implementen medidas efectivas para recuperar la tranquilidad que tanto extrañamos.
Los vecinos, obviamente, están espantados. Han pedido a gritos más patrullaje policial, más presencia de las fuerzas de orden en los barrios y más acciones preventivas. Dicen que quieren sentirse seguros, que quieren poder caminar por la calle sin tener que mirar por encima del hombro. Entiendo perfectamente cómo se sienten. Yo también soy cartaginés y me duele ver cómo nuestra querida provincia se transforma en un lugar peligroso. El OIJ dice que están investigando a toda máquina, analizando videos de cámaras de seguridad y tratando de unir todas las piezas del rompecabezas. Pero reconocen que la presión es grande, pues la violencia está aumentando en todo el país.
En fin, mi gente, este inicio de año nos ha dejado claro que la seguridad ciudadana es un tema que debemos tomar con mucha seriedad. Con ocho homicidios en pocas semanas, Cartago se une a la lista de provincias golpeadas por la violencia. Necesitamos la ayuda de todos: denunciemos cualquier actividad sospechosa, colaboremos con las autoridades y exijamos resultados. ¿Ustedes creen que la solución pasa por aumentar la inversión en seguridad pública, fortalecer la policía o implementar programas sociales para evitar que los jóvenes caigan en las garras del crimen? Déjenme sus opiniones en los comentarios, ¡quiero saber qué piensan!