¡Ay, Dios mío! Quién lo diría, ¿verdad, compañeros? La Cruz Roja, esa institución que siempre está ahí cuando más la necesitas, ahora anda más apurada que chancho en feria. Resulta que cerraron el 2025 con un déficit de más de mil cuatrocientos millones de colones, una suma que da escalofríos a cualquiera, máxime cuando hablamos de salvar vidas.
Y ni hablar del efecto dominó que esto está causando. Ya cerraron un comité en Juan Viñas, y parece que estamos apenas viendo la punta del iceberg. Según cuentan, casi la mitad de los comités del país – unos 66, para ser exactos – terminaron el año en números rojos. Imagínate, ¡más de la mitad! Eso significa que comunidades enteras podrían quedar sin asistencia médica en caso de emergencia. Un verdadero despique.
Pero, ¿a dónde se fue el dinero? Pues resulta que el problema es más complicado que una sopa fría en diciembre. Por un lado, tenemos accidentes de tráfico y situaciones violentas cada vez más graves, que requieren equipos especializados y tiempos de atención prolongados. Además, el famoso “techo fiscal” indirecto también ha jugado su papel; aunque la Cruz Roja no esté directamente sujeta a esa regla, los recursos que le llegan del Ministerio de Hacienda se han visto limitados. ¡Una vara bien difícil!
Otro factor importante es la dependencia de la autogestión. Actualmente, el Estado solo cubre el 40% del presupuesto de la Cruz Roja, lo que obliga a la institución a buscar el 60% restante a través de ventas de servicios, capacitaciones y, claro, donaciones. Una carga desproporcionada para una organización que brinda un servicio público tan fundamental. Es como andar persiguiendo mariposas con una red de mosquitos, mae.
Dyanne Marenco, la presidenta de la Cruz Roja, ha lanzado un SOS desesperado a diputados y alcaldes. No es solo pedir limosna en los semáforos, sino exigir una reforma de financiamiento sostenible que salga de la Asamblea Legislativa. Es decir, necesitamos soluciones reales, no parches temporales. Porque, díganlo en voz alta, si no hacemos algo pronto, el número de comités cerrados seguirá aumentando, y con ello, pondremos en peligro la vida de miles de costarricenses.
Es cierto que Costa Rica se jacta de tener un sistema de salud sólido y un país en paz, pero la agonía financiera de la Cruz Roja es una grieta alarmante en esa imagen idílica. Nos recuerda que incluso nuestras instituciones más valiosas pueden estar al borde del abismo si no les damos el apoyo que necesitan. Y eso, mis amigos, es una realidad que nos debería hacer reflexionar profundamente.
Este brete demuestra una debilidad estructural en cómo financiamos los servicios públicos esenciales. La voluntariedad y la generosidad de los crucerujistas son admirables, pero no son suficientes para mantener un sistema de emergencia funcional. Necesitamos un compromiso firme por parte del gobierno y de todos nosotros, ciudadanos, para garantizar que la Cruz Roja tenga los recursos necesarios para seguir salvando vidas. La inversión en la Cruz Roja es una inversión en nuestra propia seguridad y bienestar colectivo, ¡no podemos andar jugando con fuego!
Ahora bien, teniendo en cuenta toda esta problemática, ¿creen ustedes que el gobierno realmente tomará medidas urgentes para apoyar a la Cruz Roja, o seguiremos viendo cómo se va deteriorando poco a poco nuestro sistema de emergencias? Compartan sus opiniones y propuestas en el foro, ¡queremos saber qué piensan al respecto!
Y ni hablar del efecto dominó que esto está causando. Ya cerraron un comité en Juan Viñas, y parece que estamos apenas viendo la punta del iceberg. Según cuentan, casi la mitad de los comités del país – unos 66, para ser exactos – terminaron el año en números rojos. Imagínate, ¡más de la mitad! Eso significa que comunidades enteras podrían quedar sin asistencia médica en caso de emergencia. Un verdadero despique.
Pero, ¿a dónde se fue el dinero? Pues resulta que el problema es más complicado que una sopa fría en diciembre. Por un lado, tenemos accidentes de tráfico y situaciones violentas cada vez más graves, que requieren equipos especializados y tiempos de atención prolongados. Además, el famoso “techo fiscal” indirecto también ha jugado su papel; aunque la Cruz Roja no esté directamente sujeta a esa regla, los recursos que le llegan del Ministerio de Hacienda se han visto limitados. ¡Una vara bien difícil!
Otro factor importante es la dependencia de la autogestión. Actualmente, el Estado solo cubre el 40% del presupuesto de la Cruz Roja, lo que obliga a la institución a buscar el 60% restante a través de ventas de servicios, capacitaciones y, claro, donaciones. Una carga desproporcionada para una organización que brinda un servicio público tan fundamental. Es como andar persiguiendo mariposas con una red de mosquitos, mae.
Dyanne Marenco, la presidenta de la Cruz Roja, ha lanzado un SOS desesperado a diputados y alcaldes. No es solo pedir limosna en los semáforos, sino exigir una reforma de financiamiento sostenible que salga de la Asamblea Legislativa. Es decir, necesitamos soluciones reales, no parches temporales. Porque, díganlo en voz alta, si no hacemos algo pronto, el número de comités cerrados seguirá aumentando, y con ello, pondremos en peligro la vida de miles de costarricenses.
Es cierto que Costa Rica se jacta de tener un sistema de salud sólido y un país en paz, pero la agonía financiera de la Cruz Roja es una grieta alarmante en esa imagen idílica. Nos recuerda que incluso nuestras instituciones más valiosas pueden estar al borde del abismo si no les damos el apoyo que necesitan. Y eso, mis amigos, es una realidad que nos debería hacer reflexionar profundamente.
Este brete demuestra una debilidad estructural en cómo financiamos los servicios públicos esenciales. La voluntariedad y la generosidad de los crucerujistas son admirables, pero no son suficientes para mantener un sistema de emergencia funcional. Necesitamos un compromiso firme por parte del gobierno y de todos nosotros, ciudadanos, para garantizar que la Cruz Roja tenga los recursos necesarios para seguir salvando vidas. La inversión en la Cruz Roja es una inversión en nuestra propia seguridad y bienestar colectivo, ¡no podemos andar jugando con fuego!
Ahora bien, teniendo en cuenta toda esta problemática, ¿creen ustedes que el gobierno realmente tomará medidas urgentes para apoyar a la Cruz Roja, o seguiremos viendo cómo se va deteriorando poco a poco nuestro sistema de emergencias? Compartan sus opiniones y propuestas en el foro, ¡queremos saber qué piensan al respecto!