¡Ay, Dios mío! Esto del Cacco (Centro de Alta Contención de Crimen Organizado) está dando vuelta a la olla. Parece que nos vamos a poner más firmes contra los delincuentes, pero la movida de copiarle al Bukele está generando más preguntas que respuestas, ¿sabé?
El Gobierno, liderado por Don Rodri (Rodrigo Chaves), ya puso en marcha la construcción de esta cárcel de última generación, diciendo que quieren resolver el problema del hacinamiento y frenar al crimen organizado, que anda cada vez más atrevido. Dicen que no es una copia exacta del Cecot salvadoreño, pero bueno... se nota la influencia, idiay.
Y pa’ colmo, el mismísimo Bukele vino a poner la primera piedra, ¡qué lujo!, pero eso encendió las alarmas en algunos políticos. El Tribunal Supremo tuvo que recordarle a todos que los extranjeros no pueden meterse en nuestras elecciones, pero el Gobierno respondió rápido, diciendo que era un asunto técnico, más institucional que político. Mary Munive y Don Arnoldo André Tinoco lo recibieron con los brazos abiertos, como si fuera cualquier visita oficial.
La idea es construir una cárcel que pueda albergar hasta 5,100 reclusos, divididos en cinco módulos bien definidos, así podrán clasificar a los presos según el peligro que representan y el tipo de delito que cometieron. Según el Ministro Gerald Campos, la asesoría salvadoreña les ayudó a ahorrarle una lana considerables, pasando de invertir $60 millones a unos $35 millones. Eso sí es echar pendejos, ¿verdad?
Pero ojo, que el sistema penitenciario estaba hecho pururucas. Tenemos más de 18,000 presos en cárceles que deberían estar vacías, ¡qué torta! La situación es insostenible, con muchas cárceles viejas y que ya ni cumplen con los requisitos mínimos de seguridad. Ya nos había dicho el ministro que la mezcla de delincuentes comunes con matones peligrosos es una bomba de tiempo esperando estallar. Imagínate, muchachos y muchachas, ¡qué brete!
Ahora, sumemos el panorama de seguridad: en 2025 tuvimos casi 900 homicidios, ¡una barbaridad! El OIJ tampoco se queda callado, advirtiendo sobre la presencia de bandas criminales internacionales, como el Tren de Aragua, que andan metiendo presión al sistema judicial. Por eso, le dieron la vara a El Salvador, buscando aprender de sus métodos, incluso visitando el mismo Cecot. De ahí salió la inspiración para este proyecto.
Dicen que ahora la cárcel tendrá un diseño moderno, con muchos controles y cámaras de seguridad por todos lados, para poder vigilar constantemente a los internos. Pero acá viene el meollo del asunto: ¿realmente podemos tomar el modelo salvadoreño sin sacrificar nuestros derechos humanos? Porque allá, las cosas son bastante estrictas, con regímenes de excepción y condiciones de reclusión cuestionadas por organizaciones internacionales. El ministro Campos asegura que aquí vamos a respetar la ley y los derechos fundamentales, que no necesitaremos hacer leyes especiales, pero bueno, a ver qué pasa.
Esta nueva cárcel podría ser el inicio de un cambio importante en nuestro sistema penitenciario, pero también abre un debate interesante: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para combatir el crimen, sin comprometer nuestra democracia y garantizando los derechos de quienes estén privados de libertad? ¿Creen que el modelo salvadoreño, adaptado a nuestra realidad, puede funcionar en Costa Rica, o deberíamos buscar alternativas diferentes? ¡Den su opinión en los comentarios, mae!
El Gobierno, liderado por Don Rodri (Rodrigo Chaves), ya puso en marcha la construcción de esta cárcel de última generación, diciendo que quieren resolver el problema del hacinamiento y frenar al crimen organizado, que anda cada vez más atrevido. Dicen que no es una copia exacta del Cecot salvadoreño, pero bueno... se nota la influencia, idiay.
Y pa’ colmo, el mismísimo Bukele vino a poner la primera piedra, ¡qué lujo!, pero eso encendió las alarmas en algunos políticos. El Tribunal Supremo tuvo que recordarle a todos que los extranjeros no pueden meterse en nuestras elecciones, pero el Gobierno respondió rápido, diciendo que era un asunto técnico, más institucional que político. Mary Munive y Don Arnoldo André Tinoco lo recibieron con los brazos abiertos, como si fuera cualquier visita oficial.
La idea es construir una cárcel que pueda albergar hasta 5,100 reclusos, divididos en cinco módulos bien definidos, así podrán clasificar a los presos según el peligro que representan y el tipo de delito que cometieron. Según el Ministro Gerald Campos, la asesoría salvadoreña les ayudó a ahorrarle una lana considerables, pasando de invertir $60 millones a unos $35 millones. Eso sí es echar pendejos, ¿verdad?
Pero ojo, que el sistema penitenciario estaba hecho pururucas. Tenemos más de 18,000 presos en cárceles que deberían estar vacías, ¡qué torta! La situación es insostenible, con muchas cárceles viejas y que ya ni cumplen con los requisitos mínimos de seguridad. Ya nos había dicho el ministro que la mezcla de delincuentes comunes con matones peligrosos es una bomba de tiempo esperando estallar. Imagínate, muchachos y muchachas, ¡qué brete!
Ahora, sumemos el panorama de seguridad: en 2025 tuvimos casi 900 homicidios, ¡una barbaridad! El OIJ tampoco se queda callado, advirtiendo sobre la presencia de bandas criminales internacionales, como el Tren de Aragua, que andan metiendo presión al sistema judicial. Por eso, le dieron la vara a El Salvador, buscando aprender de sus métodos, incluso visitando el mismo Cecot. De ahí salió la inspiración para este proyecto.
Dicen que ahora la cárcel tendrá un diseño moderno, con muchos controles y cámaras de seguridad por todos lados, para poder vigilar constantemente a los internos. Pero acá viene el meollo del asunto: ¿realmente podemos tomar el modelo salvadoreño sin sacrificar nuestros derechos humanos? Porque allá, las cosas son bastante estrictas, con regímenes de excepción y condiciones de reclusión cuestionadas por organizaciones internacionales. El ministro Campos asegura que aquí vamos a respetar la ley y los derechos fundamentales, que no necesitaremos hacer leyes especiales, pero bueno, a ver qué pasa.
Esta nueva cárcel podría ser el inicio de un cambio importante en nuestro sistema penitenciario, pero también abre un debate interesante: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para combatir el crimen, sin comprometer nuestra democracia y garantizando los derechos de quienes estén privados de libertad? ¿Creen que el modelo salvadoreño, adaptado a nuestra realidad, puede funcionar en Costa Rica, o deberíamos buscar alternativas diferentes? ¡Den su opinión en los comentarios, mae!