Maes, pongámonos serios un toque. Sé que en este foro nos encanta vacilar, pero hoy la vara está para ponerse a llorar. Acabo de leer los últimos datos del OIJ sobre estafas informáticas y, legalmente, es un desastre. ¿Se acuerdan del año pasado, que ya nos parecía una locura la cantidad de gente a la que le vaciaban las cuentas? Bueno, agárrense, porque en apenas siete meses de este 2025 ya superamos por casi MIL CASOS el total de todo el 2024. ¡Qué torta más monumental! Estamos hablando de 8,050 denuncias hasta julio. Esto ya no es un problema, es una epidemia que nos está agarrando de monos a todos.
Diay, es que los números no mienten y son para asustarse. Imagínense que desde 2020, solo en la provincia de San José se han acumulado más de 12 mil casos. ¡Doce mil! Eso es un estadio entero de gente que se quedó sin su plata, sin los ahorros del brete, sin la pensión de la abuela. Y el ritmo con el que está creciendo esto es lo que más me preocupa. Ya no es el cuento de "a mí no me pasa". A este paso, todos vamos a conocer a alguien cercano (si no es que ya nos pasó) que se comió el cuento del falso funcionario del banco, el SINPE que nunca llegó o el premio millonario que terminó siendo una trampa para sacarle hasta el último cinco.
Y para terminar de arreglarla, ¿qué creen que pasa en la Asamblea Legislativa? Mientras a la gente la siguen estafando a diestra y siniestra, un grupo de diputados se jaló la torta de cambiar un proyecto de ley contra las estafas... ¡para favorecer a los bancos! En lugar de ponerle más responsabilidad a las entidades financieras para que protejan nuestra plata, parece que la prioridad es protegerlos a ellos. O sea, el plan se fue al traste. Es como si en medio de un incendio, en vez de llamar a los bomberos, nos pusiéramos a discutir si la manguera moja mucho el zacate. ¡Es el colmo de la desconexión con la realidad que vive la gente!
Lo más triste de todo esto es la impotencia que se siente. Porque detrás de cada una de esas 8,050 denuncias hay una historia. Hay un adulto mayor que perdió los ahorros de su vida, una madre soltera que se quedó sin con qué pagar el alquiler, o un joven que estaba ahorrando para la prima de la casa y ahora no tiene nada. ¡Qué sal! Es una mezcla de rabia y frustración, porque te hacen sentir como un tonto por haber caído, cuando en realidad los métodos de estos maes son cada vez más sofisticados. Usan la tecnología para crear un teatro tan convincente que cualquiera, en un descuido, puede caer.
Así que la situación está así: los delincuentes andan desatados, las cifras se van para el cielo y las soluciones políticas parecen caminar para atrás. Ya esto no es un asunto de tener más o menos cuidado, es un problema de seguridad nacional que nos está afectando el bolsillo y la paz mental a todos los ticos. Necesitamos que los bancos se hagan responsables, que las leyes nos protejan de verdad y que se eduque a la gente para que no caiga tan fácil. Pero mientras eso pasa, nos toca cuidarnos entre nosotros y levantar la voz.
¿Ustedes qué opinan, maes? ¿Es que nos volvimos muy confiados o es que el sistema de verdad nos está dejando botados frente a los pillos? Cuenten sus historias.
Diay, es que los números no mienten y son para asustarse. Imagínense que desde 2020, solo en la provincia de San José se han acumulado más de 12 mil casos. ¡Doce mil! Eso es un estadio entero de gente que se quedó sin su plata, sin los ahorros del brete, sin la pensión de la abuela. Y el ritmo con el que está creciendo esto es lo que más me preocupa. Ya no es el cuento de "a mí no me pasa". A este paso, todos vamos a conocer a alguien cercano (si no es que ya nos pasó) que se comió el cuento del falso funcionario del banco, el SINPE que nunca llegó o el premio millonario que terminó siendo una trampa para sacarle hasta el último cinco.
Y para terminar de arreglarla, ¿qué creen que pasa en la Asamblea Legislativa? Mientras a la gente la siguen estafando a diestra y siniestra, un grupo de diputados se jaló la torta de cambiar un proyecto de ley contra las estafas... ¡para favorecer a los bancos! En lugar de ponerle más responsabilidad a las entidades financieras para que protejan nuestra plata, parece que la prioridad es protegerlos a ellos. O sea, el plan se fue al traste. Es como si en medio de un incendio, en vez de llamar a los bomberos, nos pusiéramos a discutir si la manguera moja mucho el zacate. ¡Es el colmo de la desconexión con la realidad que vive la gente!
Lo más triste de todo esto es la impotencia que se siente. Porque detrás de cada una de esas 8,050 denuncias hay una historia. Hay un adulto mayor que perdió los ahorros de su vida, una madre soltera que se quedó sin con qué pagar el alquiler, o un joven que estaba ahorrando para la prima de la casa y ahora no tiene nada. ¡Qué sal! Es una mezcla de rabia y frustración, porque te hacen sentir como un tonto por haber caído, cuando en realidad los métodos de estos maes son cada vez más sofisticados. Usan la tecnología para crear un teatro tan convincente que cualquiera, en un descuido, puede caer.
Así que la situación está así: los delincuentes andan desatados, las cifras se van para el cielo y las soluciones políticas parecen caminar para atrás. Ya esto no es un asunto de tener más o menos cuidado, es un problema de seguridad nacional que nos está afectando el bolsillo y la paz mental a todos los ticos. Necesitamos que los bancos se hagan responsables, que las leyes nos protejan de verdad y que se eduque a la gente para que no caiga tan fácil. Pero mientras eso pasa, nos toca cuidarnos entre nosotros y levantar la voz.
¿Ustedes qué opinan, maes? ¿Es que nos volvimos muy confiados o es que el sistema de verdad nos está dejando botados frente a los pillos? Cuenten sus historias.