¡Ay, Dios mío! Resulta que la Escuela de Bolsón en Santa Cruz amaneció con un golpe durísimo esta semana. Nos enteramos que le robaron 70 computadoras, sí, setenta máquinas, imagínate el daño que eso le hace a los ninos. Según la directora, Yerlin Zúñiga, el robo fue descubierto el lunes cuando la cocinera llegó al brete y encontró la dirección hecha polvo.
La jueza, disculpen, la cocinera, al parecer notó que la tranca de la entrada estaba tirada y la puerta trasera abierta. Se imaginan el susto que se llevó la señora. Al revisar, ahí estaba: varios armarios vacíos y las bolsas de las computadoras regadas por todo el suelo. Todo el equipo, que servía para que los niños hicieran sus tareas y aprendieran cositas nuevas, se había ido volando.
Y acá viene lo más loco, ¿eh?: ¡dejaron una computadora! Una solitaria, varada en medio del caos. Qué raro, ¿verdad? Parece sacado de película. Inmediatamente la directora y el presidente de la Junta de Educación dieron aviso al 9-1-1 y también pusieron una denuncia ante el OIJ. Uno pensaría que ya era suficiente drama, pero parece que hay más por detrás, los delincuentes, con toda la calma del mundo, se llevaron hasta el grabador de las cámaras de seguridad. ¡Qué sal!
Los judiciales llegaron al colegio y confirmaron el robo. La directora, visiblemente molesta, comentó que la escuela siempre ha sido insegura. Dice que es un patrimonio, entonces deberían cuidarla un poquito más, ¿no creen? Ya saben, esas cosas burocráticas que uno no entiende. Hay un problema estructural serio, una orden sanitaria pendiente desde 2016 y un acuerdo para remodelar el lugar que todavía no se concreta. De verdad, parece que a veces nos empeñamos en irnos al traste.
Lo curioso es que, aunque forzaron la puerta de la dirección y otra del aula de una maestra, no se robaron nada de esa clase ni tampoco las impresoras. Había un rótulo bien claro diciendo que era el área de material tecnológico, desde 2021. Esto demuestra que no fue cualquier vagabundo, sino alguien que sabía qué buscaba y dónde encontrarlo. El OIJ ya recogió huellas, pidió el inventario, las contraseñas y los números de serie, pero la gran pregunta es: ¿quiénes son los responsables?
Pero fíjense la paradoja: la comunidad de Bolsón siempre ha apoyado mucho a la escuela. Padres de familia, la Junta de Educación, todos se han esforzado por mejorar las condiciones. Por eso, la directora asegura que los culpables no pueden ser personas del lugar. «Esta escuela se ha levantado con la ayuda de la comunidad», sentenció. ¡Eso dice mucho del espíritu tico, eh! Siempre dispuestos a echarle ganas y a apoyar a nuestros niños, incluso cuando uno te mete una torta así.
Ahora, el Gobierno va a tener que ponerle remedio a esto rápido. No es posible que los colegios estén tan indefensos contra estos robos. Necesitamos más vigilancia, mejores sistemas de seguridad y, sobre todo, políticas públicas que realmente protejan nuestra educación. Es hora de dejar de darle largas a estas cosas y empezar a tomar medidas concretas. Porque si no, seguimos viendo cómo los delincuentes se aprovechan de la inocencia de nuestros niños y la poca inversión estatal.
En fin, un panorama muy lamentable para la Escuela de Bolsón. Ahora toca esperar que el OIJ agarre a esos vándalos y recupere las computadoras. Pero dime tú, ¿crees que la respuesta es aumentar la seguridad física en las escuelas o invertir más en programas sociales que prevengan estos actos vandálicos?
La jueza, disculpen, la cocinera, al parecer notó que la tranca de la entrada estaba tirada y la puerta trasera abierta. Se imaginan el susto que se llevó la señora. Al revisar, ahí estaba: varios armarios vacíos y las bolsas de las computadoras regadas por todo el suelo. Todo el equipo, que servía para que los niños hicieran sus tareas y aprendieran cositas nuevas, se había ido volando.
Y acá viene lo más loco, ¿eh?: ¡dejaron una computadora! Una solitaria, varada en medio del caos. Qué raro, ¿verdad? Parece sacado de película. Inmediatamente la directora y el presidente de la Junta de Educación dieron aviso al 9-1-1 y también pusieron una denuncia ante el OIJ. Uno pensaría que ya era suficiente drama, pero parece que hay más por detrás, los delincuentes, con toda la calma del mundo, se llevaron hasta el grabador de las cámaras de seguridad. ¡Qué sal!
Los judiciales llegaron al colegio y confirmaron el robo. La directora, visiblemente molesta, comentó que la escuela siempre ha sido insegura. Dice que es un patrimonio, entonces deberían cuidarla un poquito más, ¿no creen? Ya saben, esas cosas burocráticas que uno no entiende. Hay un problema estructural serio, una orden sanitaria pendiente desde 2016 y un acuerdo para remodelar el lugar que todavía no se concreta. De verdad, parece que a veces nos empeñamos en irnos al traste.
Lo curioso es que, aunque forzaron la puerta de la dirección y otra del aula de una maestra, no se robaron nada de esa clase ni tampoco las impresoras. Había un rótulo bien claro diciendo que era el área de material tecnológico, desde 2021. Esto demuestra que no fue cualquier vagabundo, sino alguien que sabía qué buscaba y dónde encontrarlo. El OIJ ya recogió huellas, pidió el inventario, las contraseñas y los números de serie, pero la gran pregunta es: ¿quiénes son los responsables?
Pero fíjense la paradoja: la comunidad de Bolsón siempre ha apoyado mucho a la escuela. Padres de familia, la Junta de Educación, todos se han esforzado por mejorar las condiciones. Por eso, la directora asegura que los culpables no pueden ser personas del lugar. «Esta escuela se ha levantado con la ayuda de la comunidad», sentenció. ¡Eso dice mucho del espíritu tico, eh! Siempre dispuestos a echarle ganas y a apoyar a nuestros niños, incluso cuando uno te mete una torta así.
Ahora, el Gobierno va a tener que ponerle remedio a esto rápido. No es posible que los colegios estén tan indefensos contra estos robos. Necesitamos más vigilancia, mejores sistemas de seguridad y, sobre todo, políticas públicas que realmente protejan nuestra educación. Es hora de dejar de darle largas a estas cosas y empezar a tomar medidas concretas. Porque si no, seguimos viendo cómo los delincuentes se aprovechan de la inocencia de nuestros niños y la poca inversión estatal.
En fin, un panorama muy lamentable para la Escuela de Bolsón. Ahora toca esperar que el OIJ agarre a esos vándalos y recupere las computadoras. Pero dime tú, ¿crees que la respuesta es aumentar la seguridad física en las escuelas o invertir más en programas sociales que prevengan estos actos vandálicos?