¡Ay, Dios mío! Quién lo diría, mi gente. Parece que Pura Vida también incluye unos buenos temblorones de vez en cuando. Según nos cuentan desde OVSICORI-UNA, en los últimos cinco años –del 2020 hasta el 2025– nuestro terruño ha experimentado más de 85 mil sismos. ¡Ochenta y pico de temblores! Eso sí que da pa’ pensar, ¿eh?
Y ojo, esto no es ninguna broma ni invento de la tele. El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, esos muchachos que siempre están ahí pendientes del movimiento de la tierra, han estado registrando cada uno de estos eventos. Gracias a ellos sabemos que todos los temblores fueron ubicados y documentados, así que no hay nada que esconder, diay.
Lo curioso es que, según explican los científicos, estos temblores son totalmente aleatorios. No es que llueva mucho o haga calorazo y entonces empiece a temblarnos la casa. Es como si la tierra estuviera estornudando de vez en cuando, pura energía acumulada buscando salida. Qué maraquilla, ¿verdad?
Pero atención, porque parece que octubre es el mes estrella de la actividad sísmica. Tanto en 2024 como en 2025, este mes se coronó campeón con más de 1,800 temblores registrados. ¡Una locura! OVSICORI dice que eso se debe a “secuencias sísmicas paralelas”, como si fueran carreras de caballos bajo tierra. Enjambres, réplicas... ¡qué brete!
Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? Bueno, dicen que es complicado explicarlo a detalle, pero básicamente es que tenemos fallas geológicas activas por todas partes. Es como tener una olla a presión debajo de nuestros pies, y de vez en cuando necesita liberar un poquito de vapor. Ya saben, para que no explote, ¡jeje!
Algunos se preguntan si deberíamos estar preocupados. La respuesta corta es: no necesariamente. Nuestros sistemas de monitoreo son bastante avanzados y estamos preparados para detectar y alertar sobre cualquier peligro real. Además, la mayoría de los temblores son pequeños, apenas perceptibles o incluso imperceptibles. Pero bueno, siempre es bueno estar informados y saber cómo actuar en caso de un terremoto grande.
Y hablando de eso, ¿recuerdan las simulacros que hacen en las escuelas y oficinas? Pues no sean flojos y repasen cómo cubrirse la cabeza y buscar un lugar seguro. Nunca se sabe cuándo toca poner a prueba esos conocimientos. Mejor prevenir que lamentar, como dice el dicho. Además, revisar el plan familiar es importante para asegurarse de que todos sepan qué hacer en caso de emergencia.
En fin, mi gente, parece que vivir en Costa Rica significa convivir con los sismos. Es parte del paisaje, de la cultura, del día a día. Así que ya saben, la próxima vez que sienta un temblorcito, respiren profundo, recuerden sus protocolos de seguridad y… ¡digan “Pura Vida”! Ahora me pregunto, ¿creen ustedes que deberíamos empezar a instalar detectores de temblores en cada hogar, como medida preventiva, o sería exagerado?
Y ojo, esto no es ninguna broma ni invento de la tele. El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, esos muchachos que siempre están ahí pendientes del movimiento de la tierra, han estado registrando cada uno de estos eventos. Gracias a ellos sabemos que todos los temblores fueron ubicados y documentados, así que no hay nada que esconder, diay.
Lo curioso es que, según explican los científicos, estos temblores son totalmente aleatorios. No es que llueva mucho o haga calorazo y entonces empiece a temblarnos la casa. Es como si la tierra estuviera estornudando de vez en cuando, pura energía acumulada buscando salida. Qué maraquilla, ¿verdad?
Pero atención, porque parece que octubre es el mes estrella de la actividad sísmica. Tanto en 2024 como en 2025, este mes se coronó campeón con más de 1,800 temblores registrados. ¡Una locura! OVSICORI dice que eso se debe a “secuencias sísmicas paralelas”, como si fueran carreras de caballos bajo tierra. Enjambres, réplicas... ¡qué brete!
Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? Bueno, dicen que es complicado explicarlo a detalle, pero básicamente es que tenemos fallas geológicas activas por todas partes. Es como tener una olla a presión debajo de nuestros pies, y de vez en cuando necesita liberar un poquito de vapor. Ya saben, para que no explote, ¡jeje!
Algunos se preguntan si deberíamos estar preocupados. La respuesta corta es: no necesariamente. Nuestros sistemas de monitoreo son bastante avanzados y estamos preparados para detectar y alertar sobre cualquier peligro real. Además, la mayoría de los temblores son pequeños, apenas perceptibles o incluso imperceptibles. Pero bueno, siempre es bueno estar informados y saber cómo actuar en caso de un terremoto grande.
Y hablando de eso, ¿recuerdan las simulacros que hacen en las escuelas y oficinas? Pues no sean flojos y repasen cómo cubrirse la cabeza y buscar un lugar seguro. Nunca se sabe cuándo toca poner a prueba esos conocimientos. Mejor prevenir que lamentar, como dice el dicho. Además, revisar el plan familiar es importante para asegurarse de que todos sepan qué hacer en caso de emergencia.
En fin, mi gente, parece que vivir en Costa Rica significa convivir con los sismos. Es parte del paisaje, de la cultura, del día a día. Así que ya saben, la próxima vez que sienta un temblorcito, respiren profundo, recuerden sus protocolos de seguridad y… ¡digan “Pura Vida”! Ahora me pregunto, ¿creen ustedes que deberíamos empezar a instalar detectores de temblores en cada hogar, como medida preventiva, o sería exagerado?