Maes, hablemos de la vara del Presupuesto Nacional 2026, porque la historia se está poniendo buena. Como cada año por estas fechas, el Ministerio de Hacienda saca pecho y nos presenta su plan maestro para la plata del país. Esta vez, el ministro Rudolf Lücke salió a decirnos, con gráficos y todo el show, que el panorama para el 2026 pinta tuanis. Que gracias a que la deuda del país está bajando y ya no nos tiene con la soga al cuello, ahora sí hay campito para meterle más plata a programas sociales e infraestructura. En papel, la noticia suena ¡qué chiva!, ¿verdad? Más becas, mejores carreteras, más brete... el cuento de hadas fiscal que todos queremos oír.
Para no enredarlos con el lenguaje técnico, la vara es así: el país tiene una regla que le prohíbe gastar a lo loco, conocida como la regla fiscal. Esa regla se pone más estricta si la deuda total del país supera el 60% de todo lo que producimos en un año (el famoso PIB). Por primera vez en un buen tiempo, logramos bajar de ese número mágico, quedándonos en un 57,4%. ¿La traducción? El Gobierno ahora tiene más libertad para abrir la billetera. Se puede aumentar el gasto en salarios, pensiones y ayudas sociales, y lo más importante, se quita el freno de mano para la inversión en obra pública. O sea, en teoría, ahora sí se podría empezar a construir esas escuelas y hospitales que tanta falta hacen sin que Hacienda ponga el grito en el cielo.
Pero diay, como en toda buena historia tica, aquí viene el "pero". El mismo ministro Lücke, con una cara muy seria, nos tira la advertencia: tampoco es que vamos a despilfarrar la plata. El mae sabe que si se emocionan mucho con el gasto, corremos el riesgo de jalarse una torta monumental y volver a caer en el ciclo de endeudamiento que tanto nos costó empezar a controlar. Es como el que hace dieta, baja unos kilitos y de pronto tiene permiso para comerse un postre, pero con el miedo de que ese gustito lo mande de vuelta a la engorda. El plan, según él, es encontrar un "balance" para que la fiesta no se nos salga de control y el plan no se vaya al traste.
Y mientras en Hacienda andan con calculadora en mano buscando ese equilibrio, en Cuesta de Moras la paciencia ya se acabó. La diputada Paulina Ramírez, de Liberación Nacional, no se anduvo por las ramas y le mandó un filazo directo al Gobierno. Prácticamente les dijo que muy bonito el discurso de los numeritos, pero que la realidad en la calle es otra. La legisladora, que además es la jefa de la comisión que revisa estos temas, les exigió un presupuesto que atienda las tres bombas de tiempo que tiene el país: la seguridad, que está desbordada; la educación, para que los jóvenes no caigan en la delincuencia; y el elefante en la sala: la deuda GIGANTE que tiene el Estado con la Caja.
El cierre de Ramírez fue lapidario y es para ponerle atención. Advirtió que si el Gobierno no se pone la mano en el corazón y prioriza estas áreas, el país se arriesga a una "descomposición social" de la que sería casi imposible recuperarse. Así, con todas las letras. Entonces, por un lado tenemos el optimismo técnico de Hacienda, y por el otro, el grito de urgencia de la Asamblea, que refleja (o debería reflejar) lo que vive la gente. Es el clásico round entre la macroeconomía y la micro-realidad del día a día, donde un punto porcentual del PIB no significa nada si no se traduce en más policías en tu barrio o en medicinas en el EBAIS.
Ustedes qué dicen, maes. ¿Le creen a Hacienda y su presupuesto "mejorado" o sienten que es el mismo atolillo con el dedo de siempre y que la plata no va a llegar a donde de verdad urge? ¿O creen que la diputada exagera para hacer política? ¡Abro debate en el foro!
Para no enredarlos con el lenguaje técnico, la vara es así: el país tiene una regla que le prohíbe gastar a lo loco, conocida como la regla fiscal. Esa regla se pone más estricta si la deuda total del país supera el 60% de todo lo que producimos en un año (el famoso PIB). Por primera vez en un buen tiempo, logramos bajar de ese número mágico, quedándonos en un 57,4%. ¿La traducción? El Gobierno ahora tiene más libertad para abrir la billetera. Se puede aumentar el gasto en salarios, pensiones y ayudas sociales, y lo más importante, se quita el freno de mano para la inversión en obra pública. O sea, en teoría, ahora sí se podría empezar a construir esas escuelas y hospitales que tanta falta hacen sin que Hacienda ponga el grito en el cielo.
Pero diay, como en toda buena historia tica, aquí viene el "pero". El mismo ministro Lücke, con una cara muy seria, nos tira la advertencia: tampoco es que vamos a despilfarrar la plata. El mae sabe que si se emocionan mucho con el gasto, corremos el riesgo de jalarse una torta monumental y volver a caer en el ciclo de endeudamiento que tanto nos costó empezar a controlar. Es como el que hace dieta, baja unos kilitos y de pronto tiene permiso para comerse un postre, pero con el miedo de que ese gustito lo mande de vuelta a la engorda. El plan, según él, es encontrar un "balance" para que la fiesta no se nos salga de control y el plan no se vaya al traste.
Y mientras en Hacienda andan con calculadora en mano buscando ese equilibrio, en Cuesta de Moras la paciencia ya se acabó. La diputada Paulina Ramírez, de Liberación Nacional, no se anduvo por las ramas y le mandó un filazo directo al Gobierno. Prácticamente les dijo que muy bonito el discurso de los numeritos, pero que la realidad en la calle es otra. La legisladora, que además es la jefa de la comisión que revisa estos temas, les exigió un presupuesto que atienda las tres bombas de tiempo que tiene el país: la seguridad, que está desbordada; la educación, para que los jóvenes no caigan en la delincuencia; y el elefante en la sala: la deuda GIGANTE que tiene el Estado con la Caja.
El cierre de Ramírez fue lapidario y es para ponerle atención. Advirtió que si el Gobierno no se pone la mano en el corazón y prioriza estas áreas, el país se arriesga a una "descomposición social" de la que sería casi imposible recuperarse. Así, con todas las letras. Entonces, por un lado tenemos el optimismo técnico de Hacienda, y por el otro, el grito de urgencia de la Asamblea, que refleja (o debería reflejar) lo que vive la gente. Es el clásico round entre la macroeconomía y la micro-realidad del día a día, donde un punto porcentual del PIB no significa nada si no se traduce en más policías en tu barrio o en medicinas en el EBAIS.
Ustedes qué dicen, maes. ¿Le creen a Hacienda y su presupuesto "mejorado" o sienten que es el mismo atolillo con el dedo de siempre y que la plata no va a llegar a donde de verdad urge? ¿O creen que la diputada exagera para hacer política? ¡Abro debate en el foro!