Maes, seamos honestos: el novelón de Cuesta de Moras con las jornadas 4-3 ya tiene más capítulos que cualquier culebrón turco. La vara está tan pegada que ya nadie se acuerda ni de cómo empezó el despiche. Tenemos un proyecto de ley que el gobierno y una parte del Congreso quieren pasar a toda costa, y del otro lado, al Frente Amplio empapelando la Asamblea con más de 2.500 mociones. El resultado es un parálisis total, un maratón legislativo que parece no tener fin y donde, después de más de un mes de “discusión”, apenas han logrado votar unas 480 mociones. Obviamente, todas rechazadas. ¡Qué torta!
Pero bueno, cuando la cosa se pone color de hormiga, siempre sale alguien con un atajo bajo la manga. Esta vez, el conejo del sombrero lo sacó el PUSC, con el diputado Alejandro Pacheco a la cabeza. Para ponerlo en arroz y frijoles, la propuesta es sencilla: mandemos todo al carajo. Bueno, no exactamente, pero casi. La idea es crear una comisión especial, empezar de cero con el proyecto y poner una regla de oro: cada diputado solo puede presentar UNA moción por artículo. Con esta movida, el tsunami de 2.500 mociones se convertiría en una olita de, máximo, 114. ¡Un cambio radical!
Según Pacheco, esta es la única forma de devolverle al proyecto el espíritu de "vía rápida" que se perdió en el camino. Con este nuevo sistema, el brete de discutir y votar todo tomaría unas tres semanas, no los meses que tardarían al ritmo actual. Además, la propuesta le da el poder a la presidencia del Congreso de agrupar o simplemente descartar mociones que sean muy parecidas, para que no les metan el mismo gol dos veces. La lógica es simple: si el debate ya está estancado, mejor buscar una salida alterna que seguir dándose contra la pared. Es, en esencia, un intento de “resetear” la discusión para que la vara por fin avance.
Claro, no todo el mundo está cantando de la alegría. El Frente Amplio, como era de esperarse, pegó el grito en el cielo. Para ellos, esto no es una solución, es un portazo a la democracia. Insisten en que el proyecto tiene que volver a una comisión normal, sin vías rápidas ni trucos para limitar el debate. Su argumento es que el filibusterismo, aunque tedioso, es una herramienta democrática legítima para oponerse a un proyecto que consideran nefasto para los derechos laborales. De hecho, ya advirtieron que si esta jugada del PUSC prospera, le meterían una consulta de constitucionalidad que podría hacer que todo el plan se vaya al traste. Así que el panorama es complejo: una solución rápida que podría ser vista como antidemocrática, o seguir en un pantano legislativo sin salida a la vista.
Al final del día, esto nos deja con una pregunta que va más allá del simple proyecto de ley. Lo que se está discutiendo es hasta dónde se pueden estirar las reglas del juego democrático. Por un lado, tenemos una oposición que usa el reglamento para frenar por completo a la mayoría. Por otro, una mayoría que busca cambiar las reglas a mitad del partido para poder anotar. Ambas partes sienten que tienen la razón, y mientras tanto, el país espera a ver en qué termina este enredo. Diay maes, ¿ustedes qué opinan? ¿Es una jugada maestra del PUSC para destrabar el brete o un chanchullo para saltarse el debate a la brava? ¿Se vale hacerle este quite a la oposición o se están jalando una torta con la democracia?
Pero bueno, cuando la cosa se pone color de hormiga, siempre sale alguien con un atajo bajo la manga. Esta vez, el conejo del sombrero lo sacó el PUSC, con el diputado Alejandro Pacheco a la cabeza. Para ponerlo en arroz y frijoles, la propuesta es sencilla: mandemos todo al carajo. Bueno, no exactamente, pero casi. La idea es crear una comisión especial, empezar de cero con el proyecto y poner una regla de oro: cada diputado solo puede presentar UNA moción por artículo. Con esta movida, el tsunami de 2.500 mociones se convertiría en una olita de, máximo, 114. ¡Un cambio radical!
Según Pacheco, esta es la única forma de devolverle al proyecto el espíritu de "vía rápida" que se perdió en el camino. Con este nuevo sistema, el brete de discutir y votar todo tomaría unas tres semanas, no los meses que tardarían al ritmo actual. Además, la propuesta le da el poder a la presidencia del Congreso de agrupar o simplemente descartar mociones que sean muy parecidas, para que no les metan el mismo gol dos veces. La lógica es simple: si el debate ya está estancado, mejor buscar una salida alterna que seguir dándose contra la pared. Es, en esencia, un intento de “resetear” la discusión para que la vara por fin avance.
Claro, no todo el mundo está cantando de la alegría. El Frente Amplio, como era de esperarse, pegó el grito en el cielo. Para ellos, esto no es una solución, es un portazo a la democracia. Insisten en que el proyecto tiene que volver a una comisión normal, sin vías rápidas ni trucos para limitar el debate. Su argumento es que el filibusterismo, aunque tedioso, es una herramienta democrática legítima para oponerse a un proyecto que consideran nefasto para los derechos laborales. De hecho, ya advirtieron que si esta jugada del PUSC prospera, le meterían una consulta de constitucionalidad que podría hacer que todo el plan se vaya al traste. Así que el panorama es complejo: una solución rápida que podría ser vista como antidemocrática, o seguir en un pantano legislativo sin salida a la vista.
Al final del día, esto nos deja con una pregunta que va más allá del simple proyecto de ley. Lo que se está discutiendo es hasta dónde se pueden estirar las reglas del juego democrático. Por un lado, tenemos una oposición que usa el reglamento para frenar por completo a la mayoría. Por otro, una mayoría que busca cambiar las reglas a mitad del partido para poder anotar. Ambas partes sienten que tienen la razón, y mientras tanto, el país espera a ver en qué termina este enredo. Diay maes, ¿ustedes qué opinan? ¿Es una jugada maestra del PUSC para destrabar el brete o un chanchullo para saltarse el debate a la brava? ¿Se vale hacerle este quite a la oposición o se están jalando una torta con la democracia?