Diay, maes, parece que la vara va en serio. Lo que empezó como un rumor y un par de declaraciones medio polémicas, ya tiene plata asignada. La Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa le dio luz verde a la primera parte del billete para construir una megacárcel aquí en Tiquicia, al mejor estilo de la que hizo Nayib Bukele en El Salvador. Ya soltaron los primeros $15.5 millones de un proyecto que va a costar $35 millones en total. La idea es meter ahí a unos 5,000 reos, con 1,000 de esos espacios en máxima seguridad. El Gobierno del presi Chaves nos vende esto como la pastilla mágica para curar la ola de violencia y homicidios que tiene al país con los pelos de punta. Pero, como todo en la vida, la procesión va por dentro.
Nadie va a negar que la situación de seguridad está para llorar. El año pasado rompimos el récord de homicidios con más de 900, y este 2024 pinta para seguir por el mismo camino. Uno ya no sale tranquilo a la calle y la inseguridad, según las encuestas, nos preocupa más que el costo de la vida o quedarnos sin brete. El Gobierno, en su línea, le echa la culpa a todo el mundo: que los jueces son muy “suaves”, que las leyes son muy “garantistas” y que aquí los narcos y sicarios entran por una puerta y salen por la otra. Bajo esa lógica, la solución es simple: más cárcel, más dura y más grande. Encerrarlos a todos y botar la llave. Suena bien en un discurso, ¿verdad? Pero la cosa no es tan sencilla.
El problema es que, mientras planeamos construir una cárcel nueva, las que ya tenemos son una verdadera bomba de tiempo. ¡Qué torta el sistema penitenciario actual! Según el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, nuestras cárceles tienen un hacinamiento del casi 30%. O sea, por cada 100 espacios disponibles, hay 130 personas metidas. En las cárceles de hombres la vara es todavía peor, con una sobrepoblación que supera el 42%. Es un despiche total: hay más de 17,600 personas donde solo caben unas 13,600. Entonces, ¿la solución a un sistema colapsado es meterle 5,000 personas más en otro edificio, por más moderno que sea?
Aquí es donde uno se pregunta si de verdad estamos analizando el panorama completo o si solo estamos importando una idea que se ve “tuanis” en las noticias internacionales. El modelo de El Salvador ha sido súper cuestionado por temas de derechos humanos, y aunque allá les bajó la criminalidad, el costo social ha sido altísimo. Costa Rica siempre se ha jactado de ser diferente, de resolver sus broncas de otra manera. ¿De verdad la solución es construir un monstruo de concreto y metal para seguir apilando gente? ¿O deberíamos estar invirtiendo esa misma millonada en prevención, educación, inteligencia policial y en atacar las causas reales del porqué un montón de carajillos terminan metidos en bandas narco?
No se trata de ser pro-criminales, ¡para nada! El que la hace, que la pague. Pero este plan se siente como querer curar una gangrena con una curita. La inseguridad es un problema gigante y complejo, y pensar que se arregla solo con una megacárcel suena, por lo menos, a una simplificación peligrosa. Se nos puede ir un platal en un proyecto que, al final del día, no resuelva la raíz del problema y, peor aún, nos genere otros nuevos. El resto del dinero para este proyecto se incluiría en el presupuesto del 2026, así que este debate apenas comienza y hay que entrarle con todo.
Entonces, maes, aquí va la pregunta del millón: ¿De verdad creen que copiar el modelo de El Salvador y construir este chunche de cárcel es la solución real al despiche de inseguridad, o es solo un parche carísimo para un problema mucho más profundo? ¿Nos estamos comprando una solución o un problema nuevo? ¡Los leo!
Nadie va a negar que la situación de seguridad está para llorar. El año pasado rompimos el récord de homicidios con más de 900, y este 2024 pinta para seguir por el mismo camino. Uno ya no sale tranquilo a la calle y la inseguridad, según las encuestas, nos preocupa más que el costo de la vida o quedarnos sin brete. El Gobierno, en su línea, le echa la culpa a todo el mundo: que los jueces son muy “suaves”, que las leyes son muy “garantistas” y que aquí los narcos y sicarios entran por una puerta y salen por la otra. Bajo esa lógica, la solución es simple: más cárcel, más dura y más grande. Encerrarlos a todos y botar la llave. Suena bien en un discurso, ¿verdad? Pero la cosa no es tan sencilla.
El problema es que, mientras planeamos construir una cárcel nueva, las que ya tenemos son una verdadera bomba de tiempo. ¡Qué torta el sistema penitenciario actual! Según el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, nuestras cárceles tienen un hacinamiento del casi 30%. O sea, por cada 100 espacios disponibles, hay 130 personas metidas. En las cárceles de hombres la vara es todavía peor, con una sobrepoblación que supera el 42%. Es un despiche total: hay más de 17,600 personas donde solo caben unas 13,600. Entonces, ¿la solución a un sistema colapsado es meterle 5,000 personas más en otro edificio, por más moderno que sea?
Aquí es donde uno se pregunta si de verdad estamos analizando el panorama completo o si solo estamos importando una idea que se ve “tuanis” en las noticias internacionales. El modelo de El Salvador ha sido súper cuestionado por temas de derechos humanos, y aunque allá les bajó la criminalidad, el costo social ha sido altísimo. Costa Rica siempre se ha jactado de ser diferente, de resolver sus broncas de otra manera. ¿De verdad la solución es construir un monstruo de concreto y metal para seguir apilando gente? ¿O deberíamos estar invirtiendo esa misma millonada en prevención, educación, inteligencia policial y en atacar las causas reales del porqué un montón de carajillos terminan metidos en bandas narco?
No se trata de ser pro-criminales, ¡para nada! El que la hace, que la pague. Pero este plan se siente como querer curar una gangrena con una curita. La inseguridad es un problema gigante y complejo, y pensar que se arregla solo con una megacárcel suena, por lo menos, a una simplificación peligrosa. Se nos puede ir un platal en un proyecto que, al final del día, no resuelva la raíz del problema y, peor aún, nos genere otros nuevos. El resto del dinero para este proyecto se incluiría en el presupuesto del 2026, así que este debate apenas comienza y hay que entrarle con todo.
Entonces, maes, aquí va la pregunta del millón: ¿De verdad creen que copiar el modelo de El Salvador y construir este chunche de cárcel es la solución real al despiche de inseguridad, o es solo un parche carísimo para un problema mucho más profundo? ¿Nos estamos comprando una solución o un problema nuevo? ¡Los leo!