Mae, hay noticias que a uno simplemente le revuelven el estómago, y la de este monito cara blanca en Golfito es una de esas. Diay, no es vara, uno lee el titular y de una vez se imagina el despiche: un animalito, de los que salen en las postales que vendemos a los turistas, con un filazo en media cara. No hay forma de endulzarlo. Esto no es un accidente, no es mala suerte. Esto es una salvajada con todas sus letras, perpetrada por alguien que, en el mejor de los casos, tiene la empatía de una piedra, y en el peor, es un peligro para todo ser vivo que se le cruce.
La historia es un verdadero bajonazo. Los Bomberos de Golfito recogen al mono, lo llevan al Sinac y de ahí al Área de Conservación Osa. El diagnóstico es el que uno se teme: la herida es gravísima y el animalito ya venía en malas condiciones. ¡Qué torta! Pero la parte que de verdad duele es la coletilla que sueltan los veterinarios: si con costos logran salvarle la vida, este mono jamás podrá volver a su hábitat. Su vida como la conocía, su libertad, su manada... todo se fue al traste por la decisión de un segundo de un mae con un machete en la mano. Para el mono, la vida silvestre se acabó. Ahora, si sobrevive, su destino es una jaula.
Y aquí es donde la vara se pone más compleja. El comunicado del MINAE dice lo obvio: que estos monos son dispersores de semillas, que no son agresivos, que son vitales para el ecosistema. ¡Claro que lo son! Pero seamos honestos, el que le metió el filazo no estaba pensando en el balance ecológico del bosque tropical. Lo más seguro es que el mono se le acercó mucho, o le intentó robar una fruta del patio, y la reacción fue esa violencia desproporcionada. Es esa mentalidad de “este chunche me estorba, lo quito”. Se nos llena la boca hablando del país más verde del mundo, de la conservación y del ecoturismo, pero a lo interno, en el día a día, a veces parece que esa fachada se cae a pedazos.
Lo que más enoja es que esto no es un vacío legal. La Ley de Conservación de Vida Silvestre existe y es clarísima: hasta tres años de cárcel por una gracia de estas. El mismo MINAE recalca algo que cualquier psicólogo sabe: “La crueldad contra los animales está ligada a otros comportamientos antisociales y de violencia”. O sea, el que hoy le da un machetazo a un mono por robarse un banano, mañana es el mismo que resuelve un pleito de vecinos a golpes o algo peor. La ley está ahí, muy bonita en el papel, pero la pregunta del millón es si de verdad se aplica con la seriedad que amerita, o si termina siendo una de esas “varas” que se pierden en burocracia.
Al final, uno se queda con una mezcla de tristeza y una cólera que no se va fácil. Este mono no es solo un mono; es un reflejo de una parte de nuestra sociedad que se niega a coexistir, que ve a la naturaleza como un recurso o un estorbo, pero nunca como un vecino. Y mientras sigamos pensando así, el “Pura Vida” va a seguir teniendo una cicatriz profunda, como la que ahora marca la cara de ese pobre animal. Por eso les pregunto, compas del foro, más allá de la indignación que todos sentimos: ¿Qué creen ustedes que falla? ¿Es falta de educación desde la escuela, es que la ley no se siente lo suficientemente fuerte, o es que simplemente hay gente a la que ya el chip de la empatía se le quemó para siempre?
La historia es un verdadero bajonazo. Los Bomberos de Golfito recogen al mono, lo llevan al Sinac y de ahí al Área de Conservación Osa. El diagnóstico es el que uno se teme: la herida es gravísima y el animalito ya venía en malas condiciones. ¡Qué torta! Pero la parte que de verdad duele es la coletilla que sueltan los veterinarios: si con costos logran salvarle la vida, este mono jamás podrá volver a su hábitat. Su vida como la conocía, su libertad, su manada... todo se fue al traste por la decisión de un segundo de un mae con un machete en la mano. Para el mono, la vida silvestre se acabó. Ahora, si sobrevive, su destino es una jaula.
Y aquí es donde la vara se pone más compleja. El comunicado del MINAE dice lo obvio: que estos monos son dispersores de semillas, que no son agresivos, que son vitales para el ecosistema. ¡Claro que lo son! Pero seamos honestos, el que le metió el filazo no estaba pensando en el balance ecológico del bosque tropical. Lo más seguro es que el mono se le acercó mucho, o le intentó robar una fruta del patio, y la reacción fue esa violencia desproporcionada. Es esa mentalidad de “este chunche me estorba, lo quito”. Se nos llena la boca hablando del país más verde del mundo, de la conservación y del ecoturismo, pero a lo interno, en el día a día, a veces parece que esa fachada se cae a pedazos.
Lo que más enoja es que esto no es un vacío legal. La Ley de Conservación de Vida Silvestre existe y es clarísima: hasta tres años de cárcel por una gracia de estas. El mismo MINAE recalca algo que cualquier psicólogo sabe: “La crueldad contra los animales está ligada a otros comportamientos antisociales y de violencia”. O sea, el que hoy le da un machetazo a un mono por robarse un banano, mañana es el mismo que resuelve un pleito de vecinos a golpes o algo peor. La ley está ahí, muy bonita en el papel, pero la pregunta del millón es si de verdad se aplica con la seriedad que amerita, o si termina siendo una de esas “varas” que se pierden en burocracia.
Al final, uno se queda con una mezcla de tristeza y una cólera que no se va fácil. Este mono no es solo un mono; es un reflejo de una parte de nuestra sociedad que se niega a coexistir, que ve a la naturaleza como un recurso o un estorbo, pero nunca como un vecino. Y mientras sigamos pensando así, el “Pura Vida” va a seguir teniendo una cicatriz profunda, como la que ahora marca la cara de ese pobre animal. Por eso les pregunto, compas del foro, más allá de la indignación que todos sentimos: ¿Qué creen ustedes que falla? ¿Es falta de educación desde la escuela, es que la ley no se siente lo suficientemente fuerte, o es que simplemente hay gente a la que ya el chip de la empatía se le quemó para siempre?