Maes, vieran que estaba leyendo una vara que me dejó pensando. Uno a veces va por la vida y no se da cuenta de la magnitud de ciertos proyectos hasta que ve los números pelados y mondados. Resulta que la Zona Franca Zeta, esa que está en El Guarco de Cartago, acaba de cumplir 40 años. Y aquí viene lo impresionante: en esas cuatro décadas, le ha dado brete a más de 100 mil personas. ¡Cien mil! Para una sola provincia, eso es un montón de gente, un montón de familias. ¡Qué nivel de impacto!
Lo más tuanis de la historia es el contexto. Cesare Zingone, el CEO del grupo que fundó esa vara, cuenta que la idea nació a inicios de los 80. Mae, para los que no vivieron esa época o no se acuerdan, el país estaba hecho un despiche económico. Devaluación, inflación por las nubes, desempleo... un caos total. Y en medio de esa crisis, a esta gente se le ocurre montar la primera zona franca privada del país. Ronald Lachner, el presi de Azofras, lo dice clarito: "las crisis no me asustan porque de ahí es donde salen las mejores ideas". ¡Y qué carga que así fuera! Porque ese modelo que arrancó en Cartago se convirtió en uno de los motores que hoy sostienen al país.
Hoy en día, la vara ha crecido exponencialmente. Ya no es solo la Zeta. Ahora hay 85 administradoras de zonas francas regadas por todo el país, desde la GAM hasta lugares como Grecia, Siquirres y San Carlos, generando en total casi 265 mil empleos directos e indirectos. Y no es cualquier brete, la nota dice que los salarios en este régimen llegan a duplicar el promedio del sector privado. Eso sí que es mover la aguja. El mismo Lachner reconoce el reto: para llevar este modelo fuera del Valle Central se necesita un esfuerzo gigante en infraestructura, energía y, lo más importante, formar al talento local. El ejemplo de Grecia, que ya tiene industria médica de altísimo nivel, demuestra que la vara se puede hacer y que funciona a cachete.
Volviendo a la Vieja Metrópoli, la cosa no se queda ahí. El alcalde Mario Redondo, que de por sí ya saca pecho porque Cartago tiene dos parques empresariales que emplean a 20 mil personas, soltó una bomba: ya hay inversionistas que quieren montar una tercera zona franca, esta vez especializada en logística. ¡Imagínense! Más brete y más desarrollo para la provincia. Redondo le tira flores a la calidad de la gente de allá, al talento que se ha formado gracias al TEC, al CUC y al INA. Además, destaca que tienen de las tarifas eléctricas más baratas del país, una carnada perfecta para la inversión. Con las mejoras en la vía Taras-La Lima, la provincia se está poniendo guapísima para competir.
Diay, al final del día, la historia de la Zona Franca Zeta es un recordatorio de que con visión a largo plazo se pueden lograr cosas muy chivas. Empezaron con maquilas, pasaron a manufactura, y hoy son un hub de la industria médica y de alta tecnología. Es un ejemplo de cómo una provincia puede reinventarse y convertirse en un polo de desarrollo. Pero aquí es donde me queda la duda, y se las tiro a ustedes para ver qué piensan: ¿Es este modelo de zonas francas la única bala que tenemos para el desarrollo fuera de la GAM? ¿O es simplemente el primer paso para construir ecosistemas económicos más complejos y autosuficientes en las zonas rurales? ¿Estamos realmente preparando a la gente de Limón, Guanacaste y Puntarenas para subirse a esta ola de brete de alta tecnología?
Lo más tuanis de la historia es el contexto. Cesare Zingone, el CEO del grupo que fundó esa vara, cuenta que la idea nació a inicios de los 80. Mae, para los que no vivieron esa época o no se acuerdan, el país estaba hecho un despiche económico. Devaluación, inflación por las nubes, desempleo... un caos total. Y en medio de esa crisis, a esta gente se le ocurre montar la primera zona franca privada del país. Ronald Lachner, el presi de Azofras, lo dice clarito: "las crisis no me asustan porque de ahí es donde salen las mejores ideas". ¡Y qué carga que así fuera! Porque ese modelo que arrancó en Cartago se convirtió en uno de los motores que hoy sostienen al país.
Hoy en día, la vara ha crecido exponencialmente. Ya no es solo la Zeta. Ahora hay 85 administradoras de zonas francas regadas por todo el país, desde la GAM hasta lugares como Grecia, Siquirres y San Carlos, generando en total casi 265 mil empleos directos e indirectos. Y no es cualquier brete, la nota dice que los salarios en este régimen llegan a duplicar el promedio del sector privado. Eso sí que es mover la aguja. El mismo Lachner reconoce el reto: para llevar este modelo fuera del Valle Central se necesita un esfuerzo gigante en infraestructura, energía y, lo más importante, formar al talento local. El ejemplo de Grecia, que ya tiene industria médica de altísimo nivel, demuestra que la vara se puede hacer y que funciona a cachete.
Volviendo a la Vieja Metrópoli, la cosa no se queda ahí. El alcalde Mario Redondo, que de por sí ya saca pecho porque Cartago tiene dos parques empresariales que emplean a 20 mil personas, soltó una bomba: ya hay inversionistas que quieren montar una tercera zona franca, esta vez especializada en logística. ¡Imagínense! Más brete y más desarrollo para la provincia. Redondo le tira flores a la calidad de la gente de allá, al talento que se ha formado gracias al TEC, al CUC y al INA. Además, destaca que tienen de las tarifas eléctricas más baratas del país, una carnada perfecta para la inversión. Con las mejoras en la vía Taras-La Lima, la provincia se está poniendo guapísima para competir.
Diay, al final del día, la historia de la Zona Franca Zeta es un recordatorio de que con visión a largo plazo se pueden lograr cosas muy chivas. Empezaron con maquilas, pasaron a manufactura, y hoy son un hub de la industria médica y de alta tecnología. Es un ejemplo de cómo una provincia puede reinventarse y convertirse en un polo de desarrollo. Pero aquí es donde me queda la duda, y se las tiro a ustedes para ver qué piensan: ¿Es este modelo de zonas francas la única bala que tenemos para el desarrollo fuera de la GAM? ¿O es simplemente el primer paso para construir ecosistemas económicos más complejos y autosuficientes en las zonas rurales? ¿Estamos realmente preparando a la gente de Limón, Guanacaste y Puntarenas para subirse a esta ola de brete de alta tecnología?