Maes, paren todo un toque. El Décimo Informe Estado de la Educación nos cayó como un balde de agua fría, pero de esos con hielo que lo dejan a uno sin aire. La vara es así de grave: tenemos a una generación de adolescentes de 15 y 16 años, que deberían estar preparándose para la U o para un brete técnico de nivel, con una comprensión lectora y matemática equivalente a la de un güila de tercer grado de escuela. Repito, para que quede claro: un chico de noveno año entiende lo mismo que un chiquito de ocho años. Si eso no es la definición de un despiche monumental, díganme ustedes qué es.
Y es que este tortón no salió de la nada. Es la crónica de una muerte anunciada. Entre el apagón educativo, las huelgas eternas y la pandemia, el sistema venía pidiendo auxilio a gritos. Pero la cereza del pastel, según el mismo informe, es que entre 2018 y 2023 le metimos un hachazo del 6% a la inversión total en educación. O sea, mientras el problema se hacía más y más grande, nosotros le bajábamos el volumen a la única solución real. Con este panorama, ese sueño de ser la “Suiza Centroamericana” basada en el talento humano se nos puede ir al traste más rápido de lo que canta un gallo. Estamos creando un hueco generacional que nos va a costar carísimo en el futuro.
En medio de este caos, aparece Claudia Dobles, la candidata de la coalición Agenda Ciudadana, a decir “tranquilos, yo tengo un plan”. Y bueno, hay que escuchar. La propuesta de Dobles se sostiene sobre cuatro pilares que, en el papel, suenan bastante lógicos. Primero, y el más obvio: meterle más harina a la educación. La idea es exprimir al máximo lo que permita la regla fiscal y que la mitad de esa plata extra vaya directo a las aulas, no a más papeleo. Un primer paso que cualquiera con dos dedos de frente apoyaría, porque sin plata, todo lo demás es pura paja.
El segundo punto es ponerle turbo a la vara digital. Seamos honestos, la Red Educativa ha sido un chunche que ha pasado de gobierno en gobierno sin terminar de arrancar. Dobles propone desempolvar ese proyecto y fortalecer las plataformas que ya existen, como SABER. La meta es que, de una vez por todas, todos los centros educativos del país tengan conectividad decente y herramientas para no quedarse atrás. Los otros dos ejes son igual de importantes: quitarle la carga administrativa a los profes para que se dediquen a lo suyo, que es enseñar, y no a ser secretarios; y meterle durísimo a la educación técnica y dual para conectar a los maes del cole con el brete real, para que dejen de salir a batear y encuentren oportunidades de verdad.
La verdad, el diagnóstico es aterrador y la propuesta de Dobles intenta atacar los puntos clave. Suena bonito, coherente y hasta esperanzador. Pero aquí es donde entra el cinismo tico que todos llevamos dentro. El hueco es GIGANTE, y taparlo no va a ser cuestión de un par de años ni de un solo gobierno. La pregunta del millón es si este plan es suficiente para revertir un daño tan profundo o si se queda corto. ¿Es una estrategia realizable o solo buenas intenciones para la campaña? Diay, maes, ahora les paso la bola a ustedes: ¿Qué opinan del plan de Dobles? ¿Le ven futuro o creen que se necesita algo más radical para arreglar este despiche?
Y es que este tortón no salió de la nada. Es la crónica de una muerte anunciada. Entre el apagón educativo, las huelgas eternas y la pandemia, el sistema venía pidiendo auxilio a gritos. Pero la cereza del pastel, según el mismo informe, es que entre 2018 y 2023 le metimos un hachazo del 6% a la inversión total en educación. O sea, mientras el problema se hacía más y más grande, nosotros le bajábamos el volumen a la única solución real. Con este panorama, ese sueño de ser la “Suiza Centroamericana” basada en el talento humano se nos puede ir al traste más rápido de lo que canta un gallo. Estamos creando un hueco generacional que nos va a costar carísimo en el futuro.
En medio de este caos, aparece Claudia Dobles, la candidata de la coalición Agenda Ciudadana, a decir “tranquilos, yo tengo un plan”. Y bueno, hay que escuchar. La propuesta de Dobles se sostiene sobre cuatro pilares que, en el papel, suenan bastante lógicos. Primero, y el más obvio: meterle más harina a la educación. La idea es exprimir al máximo lo que permita la regla fiscal y que la mitad de esa plata extra vaya directo a las aulas, no a más papeleo. Un primer paso que cualquiera con dos dedos de frente apoyaría, porque sin plata, todo lo demás es pura paja.
El segundo punto es ponerle turbo a la vara digital. Seamos honestos, la Red Educativa ha sido un chunche que ha pasado de gobierno en gobierno sin terminar de arrancar. Dobles propone desempolvar ese proyecto y fortalecer las plataformas que ya existen, como SABER. La meta es que, de una vez por todas, todos los centros educativos del país tengan conectividad decente y herramientas para no quedarse atrás. Los otros dos ejes son igual de importantes: quitarle la carga administrativa a los profes para que se dediquen a lo suyo, que es enseñar, y no a ser secretarios; y meterle durísimo a la educación técnica y dual para conectar a los maes del cole con el brete real, para que dejen de salir a batear y encuentren oportunidades de verdad.
La verdad, el diagnóstico es aterrador y la propuesta de Dobles intenta atacar los puntos clave. Suena bonito, coherente y hasta esperanzador. Pero aquí es donde entra el cinismo tico que todos llevamos dentro. El hueco es GIGANTE, y taparlo no va a ser cuestión de un par de años ni de un solo gobierno. La pregunta del millón es si este plan es suficiente para revertir un daño tan profundo o si se queda corto. ¿Es una estrategia realizable o solo buenas intenciones para la campaña? Diay, maes, ahora les paso la bola a ustedes: ¿Qué opinan del plan de Dobles? ¿Le ven futuro o creen que se necesita algo más radical para arreglar este despiche?