Diay, maes, uno se mete a Instagram y es la misma historia: vidas perfectas, viajes a todo dar, y más códigos de descuento que días en el calendario. Todo muy tuanis, ¿verdad? Pero, ¿y si les digo que detrás de tanto filtro y tanto #ad se podría estar cocinando un despiche de los buenos? Resulta que el crimen organizado, que de tonto no tiene un pelo, le echó el ojo a la gallinita de los huevos de oro de las redes sociales. Ya no necesitan complicarse con empresas fachada tradicionales; ahora, la nueva moda es usar a los creadores de contenido para lavar plata. Y lo peor es que, a veces, los maes ni cuenta se dan.
La jugada es casi de película, pero más digital. Los expertos le llaman legitimación de capitales, pero para nosotros es simple y sencillamente un enredo para hacer que la plata sucia parezca ganada con el sudor de la frente... o de los pulgares. Primero, meten el dinero ilícito a las cuentas del influencer a través de 'donaciones' masivas en un live de TikTok, patrocinios fantasma o pagos con criptomonedas que nadie puede rastrear. Después, para que la vara sea un despiste total, mueven esa plata por mil billeteras virtuales, la convierten en monedas de juegos online o la triangulan con empresas pantalla. Al final, esa plata regresa limpiecita al mundo real para comprar un chuzo, un aparta de lujo o simplemente para depositarla en el banco como si viniera de un brete legal. ¡Qué torta!
Y aquí es donde el asunto se pone más denso. Para justificar que un influencer mueva semejante platal, las apariencias son todo. Aquí entran en juego las famosas 'granjas de bots'. Las redes criminales pagan por miles de cuentas falsas que le dan 'like', comentan emojis y comparten el contenido para inflar los números. De repente, un perfil con contenido mediocre parece un fenómeno de masas. Esto les sirve de coartada perfecta para que las 'empresas' fachada les paguen sumas millonarias por 'campañas' que nunca existieron. Como explica una criminóloga, esto ya no es un juego de niños; es una estrategia que usan desde el narco hasta ciertos políticos para darle una cara bonita a recursos y narrativas que son de lo más turbias.
Y uno se pregunta, ¿y en Tiquicia qué? Bueno, el subdirector del OIJ, Michael Soto, fue claro: todavía no tenemos un escándalo masivo documentado como en otros países, donde han caído clanes enteros de influencers. Sin embargo, admitió que ya le pusieron el ojo a ciertos patrones que huelen raro. Hablamos de perfiles que mueven más plata que un cajero en quincena sin una justificación clara, o esas transmisiones en vivo donde de pronto ocurren crímenes. La ley aquí es dura, la 8204, y la broma de prestarse para este juego puede salir carísima: penas de 8 a 20 años de cárcel. ¡Qué sal si los agarran por pecar de inocentes o de ambiciosos!
Al final, maes, el brete de ser influencer ya no es solo sobre vender batidos de proteína o cursos para ser tu propio jefe. El mundo digital se ha vuelto el Viejo Oeste y esta es una de sus facetas más oscuras. La línea entre un patrocinio legítimo y una transacción sospechosa es cada vez más delgada, y la facilidad con la que se mueve el dinero virtualmente solo complica más el panorama. Ya no se trata solo de envidiar el último chunche que promocionan, sino de preguntarse de dónde salió la plata para comprarlo. ¿Ustedes qué dicen? ¿Somos muy malpensados o de verdad hay que empezar a dudar hasta del que vende saludos por Instagram? ¿Han visto algún perfil tico que les genere mala espina?
La jugada es casi de película, pero más digital. Los expertos le llaman legitimación de capitales, pero para nosotros es simple y sencillamente un enredo para hacer que la plata sucia parezca ganada con el sudor de la frente... o de los pulgares. Primero, meten el dinero ilícito a las cuentas del influencer a través de 'donaciones' masivas en un live de TikTok, patrocinios fantasma o pagos con criptomonedas que nadie puede rastrear. Después, para que la vara sea un despiste total, mueven esa plata por mil billeteras virtuales, la convierten en monedas de juegos online o la triangulan con empresas pantalla. Al final, esa plata regresa limpiecita al mundo real para comprar un chuzo, un aparta de lujo o simplemente para depositarla en el banco como si viniera de un brete legal. ¡Qué torta!
Y aquí es donde el asunto se pone más denso. Para justificar que un influencer mueva semejante platal, las apariencias son todo. Aquí entran en juego las famosas 'granjas de bots'. Las redes criminales pagan por miles de cuentas falsas que le dan 'like', comentan emojis y comparten el contenido para inflar los números. De repente, un perfil con contenido mediocre parece un fenómeno de masas. Esto les sirve de coartada perfecta para que las 'empresas' fachada les paguen sumas millonarias por 'campañas' que nunca existieron. Como explica una criminóloga, esto ya no es un juego de niños; es una estrategia que usan desde el narco hasta ciertos políticos para darle una cara bonita a recursos y narrativas que son de lo más turbias.
Y uno se pregunta, ¿y en Tiquicia qué? Bueno, el subdirector del OIJ, Michael Soto, fue claro: todavía no tenemos un escándalo masivo documentado como en otros países, donde han caído clanes enteros de influencers. Sin embargo, admitió que ya le pusieron el ojo a ciertos patrones que huelen raro. Hablamos de perfiles que mueven más plata que un cajero en quincena sin una justificación clara, o esas transmisiones en vivo donde de pronto ocurren crímenes. La ley aquí es dura, la 8204, y la broma de prestarse para este juego puede salir carísima: penas de 8 a 20 años de cárcel. ¡Qué sal si los agarran por pecar de inocentes o de ambiciosos!
Al final, maes, el brete de ser influencer ya no es solo sobre vender batidos de proteína o cursos para ser tu propio jefe. El mundo digital se ha vuelto el Viejo Oeste y esta es una de sus facetas más oscuras. La línea entre un patrocinio legítimo y una transacción sospechosa es cada vez más delgada, y la facilidad con la que se mueve el dinero virtualmente solo complica más el panorama. Ya no se trata solo de envidiar el último chunche que promocionan, sino de preguntarse de dónde salió la plata para comprarlo. ¿Ustedes qué dicen? ¿Somos muy malpensados o de verdad hay que empezar a dudar hasta del que vende saludos por Instagram? ¿Han visto algún perfil tico que les genere mala espina?