Diay maes, si ustedes pensaban que la novela del caso BCIE-Cariñitos ya no podía ponerse más interesante, mejor agarren asiento. Resulta que la Fiscalía acaba de confirmar que le llegó la hora a Federico Cruz, mejor conocido en el bajo mundo de la política como "Choreco". Sí, el mismo que era uña y carne con el presidente Chaves, su asesor y estratega de campaña. Ahora le toca sentarse a dar la cara como imputado y explicar qué fue todo el enredo con esa platica del Banco Centroamericano. Se le calentó el rancho, y feo.
Para los que andan un poco perdidos con esta vara, se los resumo en versión tica: el despiche investiga si el presi Chaves y su ministro de Cultura, Jorge Rodríguez, le hicieron presión de la buena al empresario Christian Bulgarelli. ¿Para qué? Para que de un contrato de comunicación que Bulgarelli tenía con Presidencia (financiado por el BCIE, ojo), le "girara" unos $32 mil a Choreco. Básicamente, la Fiscalía investiga si usaron el puestazo para inducir a alguien a soltar plata para un tercero. En el Código Penal, a eso le llaman concusión, y no es para nada un juego: se castiga con cárcel de 2 a 8 años.
Y aquí es donde el chisme se pone bueno, porque las declaraciones de Bulgarelli como testigo son de película. El mae contó con pelos y señales cómo, supuestamente, el propio Chaves lo agarró en el patio de su casa en Monterán para preguntarle, sin rodeos, si ya "había hecho lo que le exigió", o sea, si ya le había dado la plata a Choreco. Mae, imagínense la escena. Bulgarelli dice que el presidente hasta le insistió que "no lo abandonara" y que siguiera ayudándolo. Esto pinta un cuadro de una amistad que va mucho más allá de un simple "brete" político, y deja muy mal parado al discurso de "lucha contra la corrupción".
Pero el cuento de terror no termina ahí. La plata, esos famosos 32 mil dólares, no era para comprar confites. Según la investigación, Choreco usó ese dinero para pagar el alquiler con opción de compra de una choza en un residencial llamado Barlovento. Lo más turbio del asunto es que, según Bulgarelli, Choreco no quería que su nombre apareciera en ningún papel, porque sabía que no había movido un dedo para ganarse esa harina. Al final, todo se fue al traste de la forma más irónica posible: después de tanto enredo para conseguir la casa, a Choreco lo terminaron desalojando por no pagar el alquiler. ¡Qué torta más monumental!
Ahora la Fiscalía lo llama a indagatoria. Como Choreco no es miembro de un Supremo Poder, su causa va por un camino separado a la del presidente, pero está íntimamente ligada. Lo que él diga (o lo que decida callar) puede ser la pieza que termine de armar este rompecabezas o que lo enrede todavía más. Es el eslabón clave entre el empresario que denuncia y el presidente acusado. Se acabó el tiempo de andar en las sombras como asesor; ahora le toca enfrentar los reflectores de la justicia. La pregunta del millón es: ¿Creen ustedes que Choreco va a soltar toda la sopa y salpicar a sus compas, o se va a comer la bronca solo para proteger al presi? ¡Los leo en los comentarios!
Para los que andan un poco perdidos con esta vara, se los resumo en versión tica: el despiche investiga si el presi Chaves y su ministro de Cultura, Jorge Rodríguez, le hicieron presión de la buena al empresario Christian Bulgarelli. ¿Para qué? Para que de un contrato de comunicación que Bulgarelli tenía con Presidencia (financiado por el BCIE, ojo), le "girara" unos $32 mil a Choreco. Básicamente, la Fiscalía investiga si usaron el puestazo para inducir a alguien a soltar plata para un tercero. En el Código Penal, a eso le llaman concusión, y no es para nada un juego: se castiga con cárcel de 2 a 8 años.
Y aquí es donde el chisme se pone bueno, porque las declaraciones de Bulgarelli como testigo son de película. El mae contó con pelos y señales cómo, supuestamente, el propio Chaves lo agarró en el patio de su casa en Monterán para preguntarle, sin rodeos, si ya "había hecho lo que le exigió", o sea, si ya le había dado la plata a Choreco. Mae, imagínense la escena. Bulgarelli dice que el presidente hasta le insistió que "no lo abandonara" y que siguiera ayudándolo. Esto pinta un cuadro de una amistad que va mucho más allá de un simple "brete" político, y deja muy mal parado al discurso de "lucha contra la corrupción".
Pero el cuento de terror no termina ahí. La plata, esos famosos 32 mil dólares, no era para comprar confites. Según la investigación, Choreco usó ese dinero para pagar el alquiler con opción de compra de una choza en un residencial llamado Barlovento. Lo más turbio del asunto es que, según Bulgarelli, Choreco no quería que su nombre apareciera en ningún papel, porque sabía que no había movido un dedo para ganarse esa harina. Al final, todo se fue al traste de la forma más irónica posible: después de tanto enredo para conseguir la casa, a Choreco lo terminaron desalojando por no pagar el alquiler. ¡Qué torta más monumental!
Ahora la Fiscalía lo llama a indagatoria. Como Choreco no es miembro de un Supremo Poder, su causa va por un camino separado a la del presidente, pero está íntimamente ligada. Lo que él diga (o lo que decida callar) puede ser la pieza que termine de armar este rompecabezas o que lo enrede todavía más. Es el eslabón clave entre el empresario que denuncia y el presidente acusado. Se acabó el tiempo de andar en las sombras como asesor; ahora le toca enfrentar los reflectores de la justicia. La pregunta del millón es: ¿Creen ustedes que Choreco va a soltar toda la sopa y salpicar a sus compas, o se va a comer la bronca solo para proteger al presi? ¡Los leo en los comentarios!