Diay, uno abre las noticias y a veces se le quitan las ganas hasta de sacar el chunche del garaje. Lo que pasó en Alajuela, con dos bajonazos con secuestro incluido en menos de un día, es para que a uno se le pongan los pelos de punta. Ya no es vara de que “a mí no me pasa”. La cosa está que arde y, sinceramente, ¡qué despiche que tengamos que vivir con este estrés! Ya no alcanza con llegar cansado del brete, ahora hay que sumarle una paranoia nivel agente secreto cada vez que uno se acerca a la casa. ¡Qué sal tener que andar en estas!
Lo que más me pone a pensar de esta vara es lo que dice el criminólogo Bernal Vargas, y el mae tiene toda la boca llena de razón. Los cacos no andan bateando. Ellos saben que nuestro punto más vulnerable es ese momentito tonto en que bajamos la guardia: cuando paramos en un semáforo, cuando hacemos el alto en una esquina oscura o, el clásico de clásicos, cuando estamos esperando que se abra el bendito portón de la cochera. En ese segundo, uno está pensando en quitarse los zapatos y tirarse en el sillón, mientras que los maes están en modo cazador. Ellos ya nos tienen medidos: saben a qué hora salimos, por dónde volvemos y cuál es nuestra rutina. Da cólera, pero es la pura verdad.
Y aquí es donde la situación se pone más seria. La recomendación de los expertos es clara: si ya le cayeron encima, no se la juegue de Rambo. Lo material, el carro, el celular, todo ese chereque se repone. Una vida, no. Es un trago amarguísimo, pero hay que entregar las varas y dejar que la policía haga su brete. Ponerse a forcejear o a hacerse el valiente sin tener entrenamiento es jalarse la torta más grande de todas, porque estos delincuentes andan hasta los dientes y no les tiembla el pulso para nada. El instinto es defender lo de uno, pero hay que usar la cabeza y pensar: mi vida vale más que cualquier chunche, por más que me haya costado.
Entonces, ¿qué nos queda? Pues, dejar de ser un blanco fácil. Suena feo, pero es así. Hay que romper con la rutina que nos hace tan predecibles. Si puede, cambie la ruta para volver del brete de vez en cuando. Antes de meterse a la cochera, dese una vuelta a la manzana si ve un carro o una moto que no le cuadra. No se baje a abrir el portón con el carro encendido y la puerta abierta, ¡jamás! Es como ponerles un rótulo de neón que dice “regalo carro”. Y por favor, inviertan en seguridad. Un cortacorriente, un GPS, hasta unas cámaras falsas bien puestas pueden hacer la diferencia entre que lo escojan a usted o al vecino que se confió.
Al final, la vara es que nos toca cuidarnos entre todos, pero empezando por uno mismo. Esta nota del Extra es un baldazo de agua fría que nos recuerda que la calle está dura y que la confianza es un lujo que ya no nos podemos dar tan fácil. Se siente horrible vivir así, viendo para todo lado como si estuviéramos en una película de acción, pero es lo que hay. Maes, cuídense un montón. La prevención no es paranoia, es inteligencia.
Ahora les pregunto a ustedes, ¿qué mañas o trucos tienen para andarse más vivos en la calle? ¿Alguno ha pasado por un susto de estos y tiene algún consejo que no venga en los manuales? Compartan, que aquí cualquier idea para no ser el próximo en las noticias suma.
Lo que más me pone a pensar de esta vara es lo que dice el criminólogo Bernal Vargas, y el mae tiene toda la boca llena de razón. Los cacos no andan bateando. Ellos saben que nuestro punto más vulnerable es ese momentito tonto en que bajamos la guardia: cuando paramos en un semáforo, cuando hacemos el alto en una esquina oscura o, el clásico de clásicos, cuando estamos esperando que se abra el bendito portón de la cochera. En ese segundo, uno está pensando en quitarse los zapatos y tirarse en el sillón, mientras que los maes están en modo cazador. Ellos ya nos tienen medidos: saben a qué hora salimos, por dónde volvemos y cuál es nuestra rutina. Da cólera, pero es la pura verdad.
Y aquí es donde la situación se pone más seria. La recomendación de los expertos es clara: si ya le cayeron encima, no se la juegue de Rambo. Lo material, el carro, el celular, todo ese chereque se repone. Una vida, no. Es un trago amarguísimo, pero hay que entregar las varas y dejar que la policía haga su brete. Ponerse a forcejear o a hacerse el valiente sin tener entrenamiento es jalarse la torta más grande de todas, porque estos delincuentes andan hasta los dientes y no les tiembla el pulso para nada. El instinto es defender lo de uno, pero hay que usar la cabeza y pensar: mi vida vale más que cualquier chunche, por más que me haya costado.
Entonces, ¿qué nos queda? Pues, dejar de ser un blanco fácil. Suena feo, pero es así. Hay que romper con la rutina que nos hace tan predecibles. Si puede, cambie la ruta para volver del brete de vez en cuando. Antes de meterse a la cochera, dese una vuelta a la manzana si ve un carro o una moto que no le cuadra. No se baje a abrir el portón con el carro encendido y la puerta abierta, ¡jamás! Es como ponerles un rótulo de neón que dice “regalo carro”. Y por favor, inviertan en seguridad. Un cortacorriente, un GPS, hasta unas cámaras falsas bien puestas pueden hacer la diferencia entre que lo escojan a usted o al vecino que se confió.
Al final, la vara es que nos toca cuidarnos entre todos, pero empezando por uno mismo. Esta nota del Extra es un baldazo de agua fría que nos recuerda que la calle está dura y que la confianza es un lujo que ya no nos podemos dar tan fácil. Se siente horrible vivir así, viendo para todo lado como si estuviéramos en una película de acción, pero es lo que hay. Maes, cuídense un montón. La prevención no es paranoia, es inteligencia.
Ahora les pregunto a ustedes, ¿qué mañas o trucos tienen para andarse más vivos en la calle? ¿Alguno ha pasado por un susto de estos y tiene algún consejo que no venga en los manuales? Compartan, que aquí cualquier idea para no ser el próximo en las noticias suma.