Diay maes, seamos honestos: la vara se veía venir. La utopía “pet friendly” que nos vendieron por un tiempo se nos acaba de ir al traste, y todo por la razón más predecible del mundo: no todos los dueños son responsables. Lo que empezó como una idea muy tuanis de poder llevar a Firulais a vitrinear, terminó en un despiche de mordiscos, comunicados de prensa y el Ministerio de Salud teniendo que meter la cuchara para poner orden. Después del incidente en Multiplaza Escazú con el pitbull y el chiquito, y para rematar el del labrador en Momentum Pinares, la fiesta parece que llegó a su fin.
Y es que, ¡qué torta! De repente, los centros comerciales que antes nos decían “tráigase al perrito, aquí lo queremos” ahora están sacando reglamentos más largos que un día sin pan. El Ministerio de Salud, con toda la razón del mundo, se puso las pilas y dijo: “un momentito, si van a permitir mascotas, me cumplen con esto, esto y esto”. Ahora el brete de los malls es tener rótulos visibles, pólizas de seguro, planes de emergencia y hasta basureros especiales para las gracias de los peludos. Básicamente, se les acabó el recreo y ahora tienen que tomarse la vara en serio, porque un “accidente” con un niño de por medio no es cualquier chunche.
La reacción en cadena ha sido de manual. Aleste, Avenida Escazú, Paseo de las Flores... todos salieron a publicar sus nuevas reglas, casi como si estuvieran compitiendo por quién es el más estricto. Y algunas medidas son bastante específicas. Por ejemplo, Paseo de las Flores ahora prohíbe perros de más de 15 kilos sin bozal, hembras en celo (¡imagínense el caos!) y hasta limita a una mascota por persona. Otros, como Avenida Escazú, directamente prohíben el ingreso de “perros potencialmente peligrosos”. El mensaje es claro: la apertura total se acabó, y ahora entramos en una era de control y desconfianza. Salado por los dueños que sí son responsables, que ahora pagan los platos rotos por los que creen que su perro es un santo intocable.
Pero aquí es donde la cosa se pone interesante, porque el problema de fondo nunca fueron los perros, ¿verdad? El problema es el mae que lleva a su perro con ansiedad a un lugar lleno de gente y estímulos, el que no le pone bozal sabiendo que es reactivo, o la que se distrae con el celular mientras su mascota anda haciendo de las suyas. Es esa cultura de “mi perrito no muerde” hasta que muerde. Los centros comerciales se jalaron una torta al asumir que todo el mundo tiene dos dedos de frente, y ahora están corriendo para apagar el incendio con un balde de reglamentos. Pasamos del extremo de la libertad al extremo de la restricción, sin un punto medio de pura y simple lógica.
Ahora la gran pregunta queda en el aire. ¿Estamos viendo el fin de la era “pet friendly” como la conocimos? ¿O es simplemente un ajuste de cuentas necesario para que la gente entienda que tener una mascota es una responsabilidad gigante y no un accesorio de moda? Esta nueva realidad de bozales, correas cortas y áreas prohibidas es el nuevo estándar, y parece que llegó para quedarse. Al final, la convivencia depende de nosotros, pero viendo cómo se dieron las cosas, parece que nos quedamos cortos en la materia.
Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Se les fue la mano a los centros comerciales con tanta regla o es lo mínimo que podían hacer? ¿La culpa es de ellos por abrir la puerta tan fácilmente o de los dueños que no supieron comportarse a la altura?
Y es que, ¡qué torta! De repente, los centros comerciales que antes nos decían “tráigase al perrito, aquí lo queremos” ahora están sacando reglamentos más largos que un día sin pan. El Ministerio de Salud, con toda la razón del mundo, se puso las pilas y dijo: “un momentito, si van a permitir mascotas, me cumplen con esto, esto y esto”. Ahora el brete de los malls es tener rótulos visibles, pólizas de seguro, planes de emergencia y hasta basureros especiales para las gracias de los peludos. Básicamente, se les acabó el recreo y ahora tienen que tomarse la vara en serio, porque un “accidente” con un niño de por medio no es cualquier chunche.
La reacción en cadena ha sido de manual. Aleste, Avenida Escazú, Paseo de las Flores... todos salieron a publicar sus nuevas reglas, casi como si estuvieran compitiendo por quién es el más estricto. Y algunas medidas son bastante específicas. Por ejemplo, Paseo de las Flores ahora prohíbe perros de más de 15 kilos sin bozal, hembras en celo (¡imagínense el caos!) y hasta limita a una mascota por persona. Otros, como Avenida Escazú, directamente prohíben el ingreso de “perros potencialmente peligrosos”. El mensaje es claro: la apertura total se acabó, y ahora entramos en una era de control y desconfianza. Salado por los dueños que sí son responsables, que ahora pagan los platos rotos por los que creen que su perro es un santo intocable.
Pero aquí es donde la cosa se pone interesante, porque el problema de fondo nunca fueron los perros, ¿verdad? El problema es el mae que lleva a su perro con ansiedad a un lugar lleno de gente y estímulos, el que no le pone bozal sabiendo que es reactivo, o la que se distrae con el celular mientras su mascota anda haciendo de las suyas. Es esa cultura de “mi perrito no muerde” hasta que muerde. Los centros comerciales se jalaron una torta al asumir que todo el mundo tiene dos dedos de frente, y ahora están corriendo para apagar el incendio con un balde de reglamentos. Pasamos del extremo de la libertad al extremo de la restricción, sin un punto medio de pura y simple lógica.
Ahora la gran pregunta queda en el aire. ¿Estamos viendo el fin de la era “pet friendly” como la conocimos? ¿O es simplemente un ajuste de cuentas necesario para que la gente entienda que tener una mascota es una responsabilidad gigante y no un accesorio de moda? Esta nueva realidad de bozales, correas cortas y áreas prohibidas es el nuevo estándar, y parece que llegó para quedarse. Al final, la convivencia depende de nosotros, pero viendo cómo se dieron las cosas, parece que nos quedamos cortos en la materia.
Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Se les fue la mano a los centros comerciales con tanta regla o es lo mínimo que podían hacer? ¿La culpa es de ellos por abrir la puerta tan fácilmente o de los dueños que no supieron comportarse a la altura?