Bueno maes, si ustedes son de los míos, que disfrutaban ir por un cafecito con el perro a cuestas para sentirse en un capítulo de ‘Friends’ versión tica, les tengo malas noticias: ese plan se nos fue al traste. Resulta que Starbucks acaba de anunciar, con bombos y platillos en sus redes sociales, que se acabó la fiesta. Ya no se podrá ingresar con mascotas a ninguno de sus locales en el país. ¡Qué torta para los que ya teníamos la rutina montada!
Ahora, antes de que saquen las antorchas y monten una protesta frente al Starbucks más cercano, hay que entender el enredo detrás de esta decisión. No es que a la gente de la sirena se le metió el agua y de repente odian a los perritos. La vara es que se están apegando a una directriz bastante clara (y que parece que muchos habíamos olvidado) del Ministerio de Salud. Y, ¿por qué ahora? Diay, porque como siempre pasa en este país, tuvo que ocurrir un despiche para que todo el mundo se pusiera las pilas. El detonante fue el lamentable caso del chiquito que fue mordido por un perro en Multiplaza Escazú. A raíz de eso, el Ministerio reforzó la regulación y le recordó a todos los comercios, en especial a los que sirven comida, que las reglas existen por algo.
Seamos claros, la ley no es nueva. El famoso Reglamento para los Servicios de Alimentación al Público es explícito: en general, no se permite la permanencia de animales de compañía donde se venda comida. La única, y muy importante, excepción son los animales de asistencia, como los perros guía. Esos compas sí tienen luz verde para entrar, porque no son un chunche o un accesorio, son una necesidad para la independencia de una persona. El problema es que en el boom del "pet-friendly", muchos lugares se hicieron de la vista gorda y la línea entre "mascota" y "animal de asistencia" se volvió más borrosa que foto de OVNI.
Y aquí es donde el asunto se pone color de hormiga. Por un lado, es un baldazo de agua fría para los dueños responsables que tienen perros bien portados y que genuinamente disfrutaban de esos espacios. ¡Qué sal! Por culpa de unos cuantos dueños irresponsables y accidentes que pudieron evitarse, ahora todos pagan el pato. Pero por el otro, seamos honestos: ¿cuántas veces no hemos visto a alguien con un perro que claramente no está cómodo en un centro comercial, ladrando, estresado o haciendo un reguero? La cultura "pet-friendly" se volvió más una moda que una práctica consciente, y el resultado es este: una prohibición generalizada que afecta a justos y pecadores.
Al final, Starbucks es solo la ficha de dominó más visible que cae. Lo más probable es que veamos una reacción en cadena en otros cafés y restaurantes que antes se promocionaban como el paraíso para mascotas. Esta situación nos obliga a replantearnos todo el concepto. Ya no basta con poner un sticker de una huellita en la puerta; se necesita educación, responsabilidad y, sobre todo, regulaciones claras que no dependan del susto de turno para ser aplicadas. Mi pregunta para el foro es esta, maes: ¿Se nos está yendo de las manos la vara del 'pet-friendly' y esto es un necesario golpe de realidad? ¿O es el Ministerio de Salud el que se jaló una torta con una regulación tan tiesa y generalizada que no distingue entre un dueño responsable y uno que no lo es?
Ahora, antes de que saquen las antorchas y monten una protesta frente al Starbucks más cercano, hay que entender el enredo detrás de esta decisión. No es que a la gente de la sirena se le metió el agua y de repente odian a los perritos. La vara es que se están apegando a una directriz bastante clara (y que parece que muchos habíamos olvidado) del Ministerio de Salud. Y, ¿por qué ahora? Diay, porque como siempre pasa en este país, tuvo que ocurrir un despiche para que todo el mundo se pusiera las pilas. El detonante fue el lamentable caso del chiquito que fue mordido por un perro en Multiplaza Escazú. A raíz de eso, el Ministerio reforzó la regulación y le recordó a todos los comercios, en especial a los que sirven comida, que las reglas existen por algo.
Seamos claros, la ley no es nueva. El famoso Reglamento para los Servicios de Alimentación al Público es explícito: en general, no se permite la permanencia de animales de compañía donde se venda comida. La única, y muy importante, excepción son los animales de asistencia, como los perros guía. Esos compas sí tienen luz verde para entrar, porque no son un chunche o un accesorio, son una necesidad para la independencia de una persona. El problema es que en el boom del "pet-friendly", muchos lugares se hicieron de la vista gorda y la línea entre "mascota" y "animal de asistencia" se volvió más borrosa que foto de OVNI.
Y aquí es donde el asunto se pone color de hormiga. Por un lado, es un baldazo de agua fría para los dueños responsables que tienen perros bien portados y que genuinamente disfrutaban de esos espacios. ¡Qué sal! Por culpa de unos cuantos dueños irresponsables y accidentes que pudieron evitarse, ahora todos pagan el pato. Pero por el otro, seamos honestos: ¿cuántas veces no hemos visto a alguien con un perro que claramente no está cómodo en un centro comercial, ladrando, estresado o haciendo un reguero? La cultura "pet-friendly" se volvió más una moda que una práctica consciente, y el resultado es este: una prohibición generalizada que afecta a justos y pecadores.
Al final, Starbucks es solo la ficha de dominó más visible que cae. Lo más probable es que veamos una reacción en cadena en otros cafés y restaurantes que antes se promocionaban como el paraíso para mascotas. Esta situación nos obliga a replantearnos todo el concepto. Ya no basta con poner un sticker de una huellita en la puerta; se necesita educación, responsabilidad y, sobre todo, regulaciones claras que no dependan del susto de turno para ser aplicadas. Mi pregunta para el foro es esta, maes: ¿Se nos está yendo de las manos la vara del 'pet-friendly' y esto es un necesario golpe de realidad? ¿O es el Ministerio de Salud el que se jaló una torta con una regulación tan tiesa y generalizada que no distingue entre un dueño responsable y uno que no lo es?