Maes, agárrense porque la noticia que acaba de soltar la Uccaep, basada en el nuevo informe del Estado de la Educación, es para sentarse a llorar. O a pegar un grito, lo que prefieran. Resulta que el sector empresarial está, y cito, en "alarma" por cómo está la educación en el país. Y la verdad, no es para menos. Esto no es una simple alerta amarilla, esto ya es un código rojo en toda regla. Olvídense de los baches en la platina o del precio del marchamo, el verdadero despiche, el que nos va a costar carísimo a todos, está en las aulas. Y lo peor es que llevamos años viéndolo venir.
El informe básicamente confirma lo que ya muchos sospechábamos con una mezcla de cinismo y tristeza: la vara se está poniendo fea. Hablan de que los logros históricos que tanto nos jactábamos de tener, como la cobertura y la calidad, se están yendo al traste. ¿La razón? Una seguidilla de "decisiones erróneas" en política educativa. O sea, para ponerlo en buen tico, los de arriba se han jalado una torta monumental, y ahora estamos viendo las consecuencias. La inversión está en niveles de hace 40 años. ¡40 años! Estamos retrocediendo a la época en que nuestros tatas iban al cole. Con la diferencia de que el mundo de hoy no espera a nadie, y nosotros estamos metiendo la reversa a toda velocidad.
Pero más allá de los números y los porcentajes, pensemos en lo que esto significa en la vida real. La Uccaep lo dice clarito: esta situación "amenaza la formación del talento humano". Traducido: nos vamos a quedar sin gente capa para los bretes del futuro. Todas esas empresas de tecnología, ciencias de la vida y servicios que tanto nos cuesta atraer, ¿con quién van a llenar sus planillas? Si los güilas salen del cole sin saber mate básica o sin poder escribir un párrafo coherente, ¿qué futuro les espera? El informe recalca que las brechas de equidad son las que más duelen, golpeando a los estudiantes más pobres. Estamos creando una autopista directa para que la desigualdad se haga todavía más grande, cerrándole la puerta en la cara a miles de jóvenes con potencial.
Y claro, como es costumbre en este país, ahora que la bomba explotó, todos corren. La Uccaep hace un "llamado urgente" a las autoridades y a los partidos políticos, justo ahora que empieza el circo electoral. ¡Qué conveniente! De repente, a todos les va a importar la educación. Van a desfilar por los noticieros prometiendo el oro y el moro, hablando de planes revolucionarios que, casualmente, nunca implementaron cuando tuvieron la oportunidad. El problema es que esta crisis no se arregla con un discurso bonito ni con un cambio de gobierno. Requiere un plan a largo plazo, un pacto nacional que vaya más allá de los colores políticos y de los intereses del momento. Requiere dejar de pensar en los próximos cuatro años y empezar a pensar en las próximas cuatro décadas.
Al final, lo que más frustra es la sensación de impotencia. Vemos los datos, escuchamos a los expertos, sentimos el deterioro en la calle, y parece que la bola de nieve sigue creciendo sin que nadie pueda pararla. Esto no es un problema de un sector, es el problema de todos. Es el futuro del país el que está en juego. Diay, maes, aquí en el foro nos encanta debatir y quejarnos, pero esta vez la pregunta es más seria: más allá de señalar a los culpables de siempre, ¿realmente creemos que esto tiene arreglo? ¿O ya nos tocó aceptar que en educación estamos salados y que cada quien se la juegue como pueda?
El informe básicamente confirma lo que ya muchos sospechábamos con una mezcla de cinismo y tristeza: la vara se está poniendo fea. Hablan de que los logros históricos que tanto nos jactábamos de tener, como la cobertura y la calidad, se están yendo al traste. ¿La razón? Una seguidilla de "decisiones erróneas" en política educativa. O sea, para ponerlo en buen tico, los de arriba se han jalado una torta monumental, y ahora estamos viendo las consecuencias. La inversión está en niveles de hace 40 años. ¡40 años! Estamos retrocediendo a la época en que nuestros tatas iban al cole. Con la diferencia de que el mundo de hoy no espera a nadie, y nosotros estamos metiendo la reversa a toda velocidad.
Pero más allá de los números y los porcentajes, pensemos en lo que esto significa en la vida real. La Uccaep lo dice clarito: esta situación "amenaza la formación del talento humano". Traducido: nos vamos a quedar sin gente capa para los bretes del futuro. Todas esas empresas de tecnología, ciencias de la vida y servicios que tanto nos cuesta atraer, ¿con quién van a llenar sus planillas? Si los güilas salen del cole sin saber mate básica o sin poder escribir un párrafo coherente, ¿qué futuro les espera? El informe recalca que las brechas de equidad son las que más duelen, golpeando a los estudiantes más pobres. Estamos creando una autopista directa para que la desigualdad se haga todavía más grande, cerrándole la puerta en la cara a miles de jóvenes con potencial.
Y claro, como es costumbre en este país, ahora que la bomba explotó, todos corren. La Uccaep hace un "llamado urgente" a las autoridades y a los partidos políticos, justo ahora que empieza el circo electoral. ¡Qué conveniente! De repente, a todos les va a importar la educación. Van a desfilar por los noticieros prometiendo el oro y el moro, hablando de planes revolucionarios que, casualmente, nunca implementaron cuando tuvieron la oportunidad. El problema es que esta crisis no se arregla con un discurso bonito ni con un cambio de gobierno. Requiere un plan a largo plazo, un pacto nacional que vaya más allá de los colores políticos y de los intereses del momento. Requiere dejar de pensar en los próximos cuatro años y empezar a pensar en las próximas cuatro décadas.
Al final, lo que más frustra es la sensación de impotencia. Vemos los datos, escuchamos a los expertos, sentimos el deterioro en la calle, y parece que la bola de nieve sigue creciendo sin que nadie pueda pararla. Esto no es un problema de un sector, es el problema de todos. Es el futuro del país el que está en juego. Diay, maes, aquí en el foro nos encanta debatir y quejarnos, pero esta vez la pregunta es más seria: más allá de señalar a los culpables de siempre, ¿realmente creemos que esto tiene arreglo? ¿O ya nos tocó aceptar que en educación estamos salados y que cada quien se la juegue como pueda?