Diay maes, paren lo que sea que estén haciendo porque tenemos que hablar de esto. Acaba de salir el décimo informe del Estado de la Educación y, para ponerlo en buen tico, ¡qué despiche más monumental! No es una sorpresa, se sentía en el aire, pero ver los datos en blanco y negro es un baldazo de agua fría que te deja sin aire. Estamos hablando de un retroceso tan grave que básicamente estamos hipotecando el futuro del país, y no es ninguna exageración.
Y ojo, que no es un pleito de partidos ni una vara ideológica. La misma Uccaep, que uno no asocia precisamente con dramas sociales, salió a pegar el grito al cielo. Los maes están alarmadísimos porque, ¿cómo se supone que el país siga siendo competitivo si el talento humano que estamos formando es, para ser sutiles, deficiente? En palabras sencillas que todos entendemos: si la gente no sale bien preparada del cole, no hay buen brete, no viene inversión extranjera y la movilidad social se va por un caño. El plan país, así como lo conocíamos, simplemente se fue al traste.
Ahora, agarrense, porque aquí es donde la cosa se pone fea. El informe tira datos que son para sentarse a llorar. Estamos graduando gente de secundaria con las habilidades de lectura y mate de un güila de tercer grado. ¡De tercer grado, maes! Nueve de cada diez estudiantes están en un nivel bajísimo en conocimiento numérico. Y para rematar, en las famosas pruebas PISA, Costa Rica está casi barriendo el piso, en el último tercio de los países. O sea, la supuesta "Suiza Centroamericana" tiene un sistema educativo que hace aguas por todo lado.
Pero el colmo de los colmos, la cereza de este pastel amargo, es que las mismas pruebas que aplica el MEP están mal hechas. Según el informe, sobreestiman lo que los estudiantes saben. Esto crea un espejismo peligrosísimo: los papás están contentos porque el chiquito pasó el examen y el cole celebra las altas promociones, pero la realidad es que no están aprendiendo nada sustancial. Como dijo la coordinadora del Estado de la Educación, Isabel Román, hay que "poner las barbas en remojo". El MEP se está jalando una torta garrafal al validar un sistema que promueve gente sin las herramientas mínimas para la vida real.
Al final, la Uccaep le hace un llamado a todo el mundo, y con toda la razón. Esto ya no es un tema del MEP o del gobierno de turno, es un problema nacional de primer orden. La pregunta que queda en el aire es densa y pesada. Más allá de quejarnos y señalar culpables, ¿qué hacemos? ¿Cómo se arregla un hueco de cuarenta años de baja inversión y malas decisiones? ¿Hay soluciones reales o ya estamos muy salados y es tarde para arreglar este despiche?
Y ojo, que no es un pleito de partidos ni una vara ideológica. La misma Uccaep, que uno no asocia precisamente con dramas sociales, salió a pegar el grito al cielo. Los maes están alarmadísimos porque, ¿cómo se supone que el país siga siendo competitivo si el talento humano que estamos formando es, para ser sutiles, deficiente? En palabras sencillas que todos entendemos: si la gente no sale bien preparada del cole, no hay buen brete, no viene inversión extranjera y la movilidad social se va por un caño. El plan país, así como lo conocíamos, simplemente se fue al traste.
Ahora, agarrense, porque aquí es donde la cosa se pone fea. El informe tira datos que son para sentarse a llorar. Estamos graduando gente de secundaria con las habilidades de lectura y mate de un güila de tercer grado. ¡De tercer grado, maes! Nueve de cada diez estudiantes están en un nivel bajísimo en conocimiento numérico. Y para rematar, en las famosas pruebas PISA, Costa Rica está casi barriendo el piso, en el último tercio de los países. O sea, la supuesta "Suiza Centroamericana" tiene un sistema educativo que hace aguas por todo lado.
Pero el colmo de los colmos, la cereza de este pastel amargo, es que las mismas pruebas que aplica el MEP están mal hechas. Según el informe, sobreestiman lo que los estudiantes saben. Esto crea un espejismo peligrosísimo: los papás están contentos porque el chiquito pasó el examen y el cole celebra las altas promociones, pero la realidad es que no están aprendiendo nada sustancial. Como dijo la coordinadora del Estado de la Educación, Isabel Román, hay que "poner las barbas en remojo". El MEP se está jalando una torta garrafal al validar un sistema que promueve gente sin las herramientas mínimas para la vida real.
Al final, la Uccaep le hace un llamado a todo el mundo, y con toda la razón. Esto ya no es un tema del MEP o del gobierno de turno, es un problema nacional de primer orden. La pregunta que queda en el aire es densa y pesada. Más allá de quejarnos y señalar culpables, ¿qué hacemos? ¿Cómo se arregla un hueco de cuarenta años de baja inversión y malas decisiones? ¿Hay soluciones reales o ya estamos muy salados y es tarde para arreglar este despiche?