Maes, a veces entre tanta noticia de chorizo, despilfarro y proyectos que se van al traste, uno necesita un respiro. Una de esas historias que le recuerdan a uno que no todo está perdido y que, de vez en cuando, la plata se invierte donde de verdad importa. Y diay, hoy esa buena noticia viene desde el corazón de Pococí, específicamente de La Rita, una comunidad que sabe lo que es pulsearla y que ahora tiene un motivo gigante para sonreír. Resulta que le metieron casi 180 melones al CEN-CINAI de la zona y lo dejaron hecho una belleza, beneficiando a más de 400 güilas y a sus familias. ¡Qué buena vara, en serio!
Para los que no están muy familiarizados, un CEN-CINAI es mucho más que un simple comedor. Es un centro de operaciones para el bienestar de los más pequeños y sus mamás. Y el de La Rita, seamos honestos, ya pedía a gritos una manita de gato. Ahora, después de este brete, la historia es otra. El lugar no solo fue remodelado, fue prácticamente reinventado. Le hicieron de todo: un aula nueva, un comedor que da gusto, cocina equipada hasta los dientes, baños adaptados para los chiquitines, oficinas y bodegas. Hasta le pusieron un área de juegos con zacate sintético para que los carajillos puedan jugar sin terminar hechos un barrial. ¡Qué nivel de detalle!
Pero la vara no se queda solo en lo estético. La seguridad fue una prioridad. Al nuevo chunche le instalaron un sistema de detección de incendios, alarma contra robos y circuito cerrado de televisión. O sea, un espacio pensado para que los papás dejen a sus hijos con la tranquilidad de que van a estar no solo bien cuidados y alimentados, sino también seguros. Este nuevo centro va a atender de forma directa, en lo que llaman modalidad "intramuros", a 49 niños de 0 a 13 años. Es decir, el cuido diario, el que le permite a muchas mamás y papás ir a pulsear el brete sabiendo que sus hijos están en las mejores manos.
Y aquí viene la parte que a mí, personalmente, me parece más carga: el impacto va mucho más allá de las cuatro paredes del edificio. De forma "extramuros", el CEN-CINAI va a seguir apoyando a otras 372 personas. ¿Quiénes? Güilas, por supuesto, pero también madres adolescentes, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. A ellas les llega la ayuda en forma de leche, paquetes de comida para toda la familia y programas de seguimiento para asegurarse de que los bebés crezcan sanos y fuertes. Esto, gente, es tejer comunidad. Es entender que para ayudar a un niño, hay que apoyar a toda su familia. Es una inversión inteligente que ataca los problemas de raíz.
Al final del día, esto es más que cemento y pintura nueva. Es un mensaje claro para una de las zonas más necesitadas del país: no están solos. Es una apuesta por la primera infancia, que es donde se define gran parte del futuro de una persona y, por ende, de un país. Ver que se concreta un proyecto así, bien hecho y con un propósito tan noble, de verdad que le sube el ánimo a cualquiera. Ahora la pregunta que queda en el aire es obligatoria y se las tiro a ustedes, la comunidad más inteligente del país: ¿creen que este tipo de proyectos localizados y bien ejecutados son la verdadera clave para empezar a cerrar la brecha de desigualdad en Costa Rica, o necesitamos un cambio de estrategia mucho más masivo? ¡Los leo!
Para los que no están muy familiarizados, un CEN-CINAI es mucho más que un simple comedor. Es un centro de operaciones para el bienestar de los más pequeños y sus mamás. Y el de La Rita, seamos honestos, ya pedía a gritos una manita de gato. Ahora, después de este brete, la historia es otra. El lugar no solo fue remodelado, fue prácticamente reinventado. Le hicieron de todo: un aula nueva, un comedor que da gusto, cocina equipada hasta los dientes, baños adaptados para los chiquitines, oficinas y bodegas. Hasta le pusieron un área de juegos con zacate sintético para que los carajillos puedan jugar sin terminar hechos un barrial. ¡Qué nivel de detalle!
Pero la vara no se queda solo en lo estético. La seguridad fue una prioridad. Al nuevo chunche le instalaron un sistema de detección de incendios, alarma contra robos y circuito cerrado de televisión. O sea, un espacio pensado para que los papás dejen a sus hijos con la tranquilidad de que van a estar no solo bien cuidados y alimentados, sino también seguros. Este nuevo centro va a atender de forma directa, en lo que llaman modalidad "intramuros", a 49 niños de 0 a 13 años. Es decir, el cuido diario, el que le permite a muchas mamás y papás ir a pulsear el brete sabiendo que sus hijos están en las mejores manos.
Y aquí viene la parte que a mí, personalmente, me parece más carga: el impacto va mucho más allá de las cuatro paredes del edificio. De forma "extramuros", el CEN-CINAI va a seguir apoyando a otras 372 personas. ¿Quiénes? Güilas, por supuesto, pero también madres adolescentes, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. A ellas les llega la ayuda en forma de leche, paquetes de comida para toda la familia y programas de seguimiento para asegurarse de que los bebés crezcan sanos y fuertes. Esto, gente, es tejer comunidad. Es entender que para ayudar a un niño, hay que apoyar a toda su familia. Es una inversión inteligente que ataca los problemas de raíz.
Al final del día, esto es más que cemento y pintura nueva. Es un mensaje claro para una de las zonas más necesitadas del país: no están solos. Es una apuesta por la primera infancia, que es donde se define gran parte del futuro de una persona y, por ende, de un país. Ver que se concreta un proyecto así, bien hecho y con un propósito tan noble, de verdad que le sube el ánimo a cualquiera. Ahora la pregunta que queda en el aire es obligatoria y se las tiro a ustedes, la comunidad más inteligente del país: ¿creen que este tipo de proyectos localizados y bien ejecutados son la verdadera clave para empezar a cerrar la brecha de desigualdad en Costa Rica, o necesitamos un cambio de estrategia mucho más masivo? ¡Los leo!