A ver, maes, seamos honestos. Cuando uno oye el término “banco multilateral de desarrollo”, lo primero que se le viene a la mente no es precisamente un compa de bar contándole todos sus secretos. Son entidades que mueven cantidades absurdas de plata, financian proyectos gigantescos y, a menudo, operan con una opacidad que ya la quisiera un ninja. Por eso, cuando una de estas instituciones dice que quiere abrir las ventanas y dejar que entre el sol, uno para la oreja. La vara es que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) acaba de lanzar una movida que, si es de verdad, podría ser bastante chiva para toda la región.
Diay, ¿y de qué va el brete? En resumen, el BCIE sacó un borrador de su “Plan de Relacionamiento de la Política de Acceso a la Información” (un nombre más tieso no se podía, ¿verdad?) y lo puso sobre la mesa para que todo el mundo pueda meterle mano. O sea, nos están dando 45 días para que desde el estudiante de políticas públicas hasta la ONG que fiscaliza proyectos le pegue una ojeada y diga: “Mae, aquí falta esto” o “¡Qué nivel de propuesta, esto está a cachete!”. La idea es que la gente dé su opinión para mejorar la forma en que el banco se comunica y comparte lo que hace. Toda la info y el borrador están en un sitio web que montaron para la ocasión.
Y aquí es donde la cosa se pone seria. Porque el BCIE no es cualquier chunche; es una institución con 64 años de historia que maneja proyectos millonarios en toda Centroamérica y más allá. Desde la carretera por la que usted maneja hasta la planta de energía que le da luz a su casa, es muy probable que el BCIE tenga plata metida ahí. Por eso, que hablen de “transparencia” y “rendición de cuentas” no es un capricho. Es saber en qué se está invirtiendo el billete de la región, cómo se toman las decisiones y quién responde si al final un proyecto se jala una torta monumental. Este acceso a la información es la herramienta que tenemos los ciudadanos para que no nos metan gato por liebre.
Según el comunicado oficial, este esfuerzo es un “nuevo paso en la transformación institucional” que busca “generar confianza”. Pura vida con la intención, pero todos sabemos que la confianza se gana con hechos, no con comunicados de prensa. Por eso esta consulta pública es tan importante. No es solo para que los meros meros de las cámaras empresariales opinen. Es para que usted, mae, que le preocupa el impacto ambiental de una represa, o vos, que estás en una asociación de desarrollo comunal, le entres y dejes tu huella. El banco está abriendo una puerta que casi siempre está cerrada; la pregunta es si vamos a aprovechar para asomarnos.
Al final del día, esta iniciativa del BCIE puede ser dos cosas: un gesto para cumplir con el checklist de las buenas prácticas internacionales y tomarse la foto, o el verdadero inicio de un cambio cultural hacia la apertura. La diferencia entre una y otra depende, en gran parte, de nosotros. Si la consulta recibe tres comentarios y un correo perdido, el banco seguirá con su vida. Pero si se inunda de recomendaciones inteligentes y críticas constructivas, no tendrán más remedio que escuchar. Así que, se abre el foro: ¿Creen que esta vara del BCIE es genuina o es puro show? ¿Le van a entrar a revisar el plan o sienten que es una pérdida de tiempo? ¡Los leo, maes!
Diay, ¿y de qué va el brete? En resumen, el BCIE sacó un borrador de su “Plan de Relacionamiento de la Política de Acceso a la Información” (un nombre más tieso no se podía, ¿verdad?) y lo puso sobre la mesa para que todo el mundo pueda meterle mano. O sea, nos están dando 45 días para que desde el estudiante de políticas públicas hasta la ONG que fiscaliza proyectos le pegue una ojeada y diga: “Mae, aquí falta esto” o “¡Qué nivel de propuesta, esto está a cachete!”. La idea es que la gente dé su opinión para mejorar la forma en que el banco se comunica y comparte lo que hace. Toda la info y el borrador están en un sitio web que montaron para la ocasión.
Y aquí es donde la cosa se pone seria. Porque el BCIE no es cualquier chunche; es una institución con 64 años de historia que maneja proyectos millonarios en toda Centroamérica y más allá. Desde la carretera por la que usted maneja hasta la planta de energía que le da luz a su casa, es muy probable que el BCIE tenga plata metida ahí. Por eso, que hablen de “transparencia” y “rendición de cuentas” no es un capricho. Es saber en qué se está invirtiendo el billete de la región, cómo se toman las decisiones y quién responde si al final un proyecto se jala una torta monumental. Este acceso a la información es la herramienta que tenemos los ciudadanos para que no nos metan gato por liebre.
Según el comunicado oficial, este esfuerzo es un “nuevo paso en la transformación institucional” que busca “generar confianza”. Pura vida con la intención, pero todos sabemos que la confianza se gana con hechos, no con comunicados de prensa. Por eso esta consulta pública es tan importante. No es solo para que los meros meros de las cámaras empresariales opinen. Es para que usted, mae, que le preocupa el impacto ambiental de una represa, o vos, que estás en una asociación de desarrollo comunal, le entres y dejes tu huella. El banco está abriendo una puerta que casi siempre está cerrada; la pregunta es si vamos a aprovechar para asomarnos.
Al final del día, esta iniciativa del BCIE puede ser dos cosas: un gesto para cumplir con el checklist de las buenas prácticas internacionales y tomarse la foto, o el verdadero inicio de un cambio cultural hacia la apertura. La diferencia entre una y otra depende, en gran parte, de nosotros. Si la consulta recibe tres comentarios y un correo perdido, el banco seguirá con su vida. Pero si se inunda de recomendaciones inteligentes y críticas constructivas, no tendrán más remedio que escuchar. Así que, se abre el foro: ¿Creen que esta vara del BCIE es genuina o es puro show? ¿Le van a entrar a revisar el plan o sienten que es una pérdida de tiempo? ¡Los leo, maes!