¡Qué nivel, maes! Agárrense porque el ICE acaba de tirar una de esas noticias que suenan a futuro. A través de kölbi, anunciaron con bombos y platillos que Costa Rica se va a pegar al TAM-1, un cable submarino de fibra óptica de 7,000 kilómetros que conecta desde el Tío Sam hasta Suramérica. Según el Instituto, esta movida va a multiplicar por 23 (¡veintitrés!) la capacidad de conexión que tenemos ahorita. Imagínense, esto significa un empujón masivo para todo: mejor soporte para el despliegue de 5G, más músculo para mover datos a lo loco y, en teoría, un internet más robusto para todos. Suena tuanis, ¿verdad? La promesa es que este chuzo de cable estará operativo para finales de este mismo 2025.
Pero como no todo lo que brilla es oro en este país, aquí es donde la vara se pone turbia y uno empieza a arquear la ceja. Mientras el ICE nos vende el sueño del TAM-1, hay un elefante en la sala del que nadie quiere hablar: el futuro del viejo y confiable Cable Maya. Este sistema, que ha sido una de nuestras principales autopistas a internet por años, tiene una fecha de vencimiento que está a la vuelta de la esquina: el 21 de octubre. Lo más curioso del asunto es que CRHoy.com les ha preguntado directamente qué va a pasar, y la respuesta del ICE ha sido un silencio más profundo que el océano donde reposan sus cables. Se hacen los locos, y eso, compas, nunca es buena señal.
Aquí es donde uno se pregunta si no se jalaron una torta monumental. Verán, la ley es clarísima. Para renovar la concesión de un chunche de estos, el consorcio (del que el ICE es parte) tenía que pedir la prórroga con al menos 18 meses de anticipación. Estamos hablando de que ese trámite debió hacerse por ahí de abril de 2024. Cuando se consultó a finales del año pasado, tanto la Sutel como el Micitt respondieron con un coro celestial de "a nosotros nadie nos ha dicho nada". O sea, el plazo se venció y, al parecer, a nadie le importó. Dejar que una infraestructura tan crítica llegue a su fecha de caducidad sin un plan B claro es, por decirlo bonito, una irresponsabilidad.
Y mientras el ICE juega al misterio con el Cable Maya, los demás no se están durmiendo en los laureles. La competencia se mueve, y rápido. Liberty Networks, por ejemplo, acaba de anunciar una mejora salvaje a su propio sistema, duplicando la capacidad del Maya-1, y ya están planeando el retiro de partes viejas para darle campo a un nuevo sistema llamado Manta. Esto demuestra que en el mundo de las telecomunicaciones, el que parpadea pierde. El mercado no espera, y la inversión privada está asegurando sus rutas y su futuro, mientras nuestra entidad pública parece estar más enfocada en la foto del anuncio nuevo que en asegurar la continuidad de lo que ya funciona.
Diay, al final del día la sensación es agridulce. Por un lado, ¡qué chiva que vamos a tener más capacidad con el TAM-1! Nadie puede negar que modernizar la infraestructura es vital. Pero por otro, la falta de transparencia con el Cable Maya deja un pésimo sabor de boca. Genera desconfianza y nos hace pensar si detrás del anuncio brillante no están escondiendo un despiche administrativo. La pregunta para ustedes en el foro es: ¿Creen que esto es una estrategia de comunicación para desviar la atención del problema con el Cable Maya, o simplemente un caso de "se nos fue el santo al cielo" con la renovación? ¿O será que hay algo más en este brete que no nos están contando?
Pero como no todo lo que brilla es oro en este país, aquí es donde la vara se pone turbia y uno empieza a arquear la ceja. Mientras el ICE nos vende el sueño del TAM-1, hay un elefante en la sala del que nadie quiere hablar: el futuro del viejo y confiable Cable Maya. Este sistema, que ha sido una de nuestras principales autopistas a internet por años, tiene una fecha de vencimiento que está a la vuelta de la esquina: el 21 de octubre. Lo más curioso del asunto es que CRHoy.com les ha preguntado directamente qué va a pasar, y la respuesta del ICE ha sido un silencio más profundo que el océano donde reposan sus cables. Se hacen los locos, y eso, compas, nunca es buena señal.
Aquí es donde uno se pregunta si no se jalaron una torta monumental. Verán, la ley es clarísima. Para renovar la concesión de un chunche de estos, el consorcio (del que el ICE es parte) tenía que pedir la prórroga con al menos 18 meses de anticipación. Estamos hablando de que ese trámite debió hacerse por ahí de abril de 2024. Cuando se consultó a finales del año pasado, tanto la Sutel como el Micitt respondieron con un coro celestial de "a nosotros nadie nos ha dicho nada". O sea, el plazo se venció y, al parecer, a nadie le importó. Dejar que una infraestructura tan crítica llegue a su fecha de caducidad sin un plan B claro es, por decirlo bonito, una irresponsabilidad.
Y mientras el ICE juega al misterio con el Cable Maya, los demás no se están durmiendo en los laureles. La competencia se mueve, y rápido. Liberty Networks, por ejemplo, acaba de anunciar una mejora salvaje a su propio sistema, duplicando la capacidad del Maya-1, y ya están planeando el retiro de partes viejas para darle campo a un nuevo sistema llamado Manta. Esto demuestra que en el mundo de las telecomunicaciones, el que parpadea pierde. El mercado no espera, y la inversión privada está asegurando sus rutas y su futuro, mientras nuestra entidad pública parece estar más enfocada en la foto del anuncio nuevo que en asegurar la continuidad de lo que ya funciona.
Diay, al final del día la sensación es agridulce. Por un lado, ¡qué chiva que vamos a tener más capacidad con el TAM-1! Nadie puede negar que modernizar la infraestructura es vital. Pero por otro, la falta de transparencia con el Cable Maya deja un pésimo sabor de boca. Genera desconfianza y nos hace pensar si detrás del anuncio brillante no están escondiendo un despiche administrativo. La pregunta para ustedes en el foro es: ¿Creen que esto es una estrategia de comunicación para desviar la atención del problema con el Cable Maya, o simplemente un caso de "se nos fue el santo al cielo" con la renovación? ¿O será que hay algo más en este brete que no nos están contando?