Bueno, maes, parece que la vara va en serio. Lo que empezó como un anuncio medio en el aire, ahora tiene plata contante y sonante. La Asamblea le acaba de dar luz verde a la primera tajada del queque—unos 15.5 millones de doñas—para empezar a construir esa mega cárcel “inspirada” en el famoso (o infame, según a quién le pregunten) modelo de Bukele en El Salvador. El proyecto completo es un chunche de 35 millones de dólares que supuestamente albergará a 5,000 privados de libertad, con 1,000 de esos espacios siendo de “máxima seguridad”. O sea, la cosa no es jugando y el Gobierno está metiendo el acelerador a fondo.
Y diay, seamos honestos, la situación actual es un despiche monumental. No es ningún secreto que nuestras cárceles están que revientan. El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (que suenan serios porque lo son) ya tiró la alerta: tenemos un hacinamiento general del 29,5%. Para ponerlo en arroz y frijoles: donde deberían caber 100 personas, estamos metiendo a casi 130. En las cárceles de hombres la cosa es peor, con un 42,9% de sobrepoblación. ¡Qué torta! Tenemos a 17,692 personas metidas en un sistema diseñado para 13,666. Con esos números, es obvio que algo hay que hacer, porque el sistema actual está a punto de colapsar.
Claro, el presi Chaves tiene su propia película montada sobre este asunto. Para él, la culpa de que el hampa ande haciendo de las suyas no es tanto del Ejecutivo, sino de los otros dos poderes del Estado. Cada vez que puede, le tira al Poder Judicial por ser muy “suavecito” con las medidas cautelares y al Legislativo por tener leyes demasiado “garantistas”. Es una narrativa de “mano dura” que, hay que decirlo, le suena a música celestial a un montón de gente que ya está hasta la coronilla con la inseguridad y que ve en el modelo salvadoreño una especie de solución mágica y rápida.
El problema de fondo es que el brete de la seguridad se nos fue al traste hace rato. Pasamos de ser la “Suiza Centroamericana” a romper récords de homicidios año con año (905 en 2023, ¡una locura!). La gente vive con miedo y la inseguridad ya es la principal preocupación, por encima del costo de la vida o el desempleo. En ese caldo de cultivo, el Gobierno pone sobre la mesa este proyecto millonario como la gran solución. Pero la pregunta del millón es: ¿de verdad un edificio, por más grande y ‘de máxima seguridad’ que sea, va a solucionar un problema que tiene raíces profundas en la pobreza, la falta de oportunidades y el poder cada vez mayor del narco? ¿O es solo un parche carísimo?
Al final del día, la plata ya está caminando y el proyecto parece que no tiene vuelta atrás. Costa Rica se embarca en un experimento que en El Salvador ha sido aplaudido por unos por bajar los homicidios y denunciado por otros por temas de derechos humanos. Es una apuesta carísima y de consecuencias gigantes. Por un lado, la promesa de mano dura que muchos piden a gritos; por otro, el miedo de que el remedio termine siendo peor que la enfermedad. Así que se las tiro a ustedes, maes del foro: ¿Creen que esta mega cárcel es el baldazo de agua fría que necesita el crimen organizado, o nos estamos jalando una torta histórica que va a comprometer más que solo la billetera del Estado? ¿Ustedes le entran a esta vara o les da mala espina? Los leo.
Y diay, seamos honestos, la situación actual es un despiche monumental. No es ningún secreto que nuestras cárceles están que revientan. El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (que suenan serios porque lo son) ya tiró la alerta: tenemos un hacinamiento general del 29,5%. Para ponerlo en arroz y frijoles: donde deberían caber 100 personas, estamos metiendo a casi 130. En las cárceles de hombres la cosa es peor, con un 42,9% de sobrepoblación. ¡Qué torta! Tenemos a 17,692 personas metidas en un sistema diseñado para 13,666. Con esos números, es obvio que algo hay que hacer, porque el sistema actual está a punto de colapsar.
Claro, el presi Chaves tiene su propia película montada sobre este asunto. Para él, la culpa de que el hampa ande haciendo de las suyas no es tanto del Ejecutivo, sino de los otros dos poderes del Estado. Cada vez que puede, le tira al Poder Judicial por ser muy “suavecito” con las medidas cautelares y al Legislativo por tener leyes demasiado “garantistas”. Es una narrativa de “mano dura” que, hay que decirlo, le suena a música celestial a un montón de gente que ya está hasta la coronilla con la inseguridad y que ve en el modelo salvadoreño una especie de solución mágica y rápida.
El problema de fondo es que el brete de la seguridad se nos fue al traste hace rato. Pasamos de ser la “Suiza Centroamericana” a romper récords de homicidios año con año (905 en 2023, ¡una locura!). La gente vive con miedo y la inseguridad ya es la principal preocupación, por encima del costo de la vida o el desempleo. En ese caldo de cultivo, el Gobierno pone sobre la mesa este proyecto millonario como la gran solución. Pero la pregunta del millón es: ¿de verdad un edificio, por más grande y ‘de máxima seguridad’ que sea, va a solucionar un problema que tiene raíces profundas en la pobreza, la falta de oportunidades y el poder cada vez mayor del narco? ¿O es solo un parche carísimo?
Al final del día, la plata ya está caminando y el proyecto parece que no tiene vuelta atrás. Costa Rica se embarca en un experimento que en El Salvador ha sido aplaudido por unos por bajar los homicidios y denunciado por otros por temas de derechos humanos. Es una apuesta carísima y de consecuencias gigantes. Por un lado, la promesa de mano dura que muchos piden a gritos; por otro, el miedo de que el remedio termine siendo peor que la enfermedad. Así que se las tiro a ustedes, maes del foro: ¿Creen que esta mega cárcel es el baldazo de agua fría que necesita el crimen organizado, o nos estamos jalando una torta histórica que va a comprometer más que solo la billetera del Estado? ¿Ustedes le entran a esta vara o les da mala espina? Los leo.