Diay, maes, cuando uno piensa que ya lo ha visto todo en el mundo del deporte, viene la gente de World Athletics y nos demuestra que siempre se puede jalar una torta más grande. A partir de este primero de setiembre, justo a un par de semanas del Mundial en Tokio, se les ocurrió la brillante idea de meterle una prueba genética obligatoria a todas las atletas que quieran competir en la categoría femenina. Y como era de esperarse, el despiche que se armó es de proporciones olímpicas.
La vara es así: la Federación Internacional de Atletismo, en su supuesto afán de “proteger el deporte femenino”, ahora exige un test que detecta el gen SRY, ese que está ligado al desarrollo de características masculinas. Si una atleta da negativo, ¡pasa la prueba! Puede seguir con su vida y su carrera. Pero si no… bueno, ahí empieza el problema. La medida ha puesto a todo el mundo con los pelos de punta, y con toda la razón. Atletas de primer nivel, como la campeona olímpica alemana Malaika Mihambo, ya salieron a decir que este chunche es "jurídicamente discutible, éticamente delicado y científicamente simplista". O sea, un desastre por donde se le vea.
Lo más irónico de todo es escuchar a las mismas atletas señalar la hipocresía. Nikki Hiltz, una corredora gringa que se define como no binaria, tiró la pregunta que todos nos hacemos: ¿por qué este enfoque tan obsesivo en la biología y no en problemas reales y urgentes como el dopaje o los entrenadores abusivos? La belga Nafi Thiam, tricampeona olímpica, lo dijo clarito: no se cree el cuento de que esto es para "protegerlas", porque esa nunca ha parecido ser la prioridad. Es como si en la oficina, en lugar de arreglar la gotera del techo, el jefe se pusiera a medir la altura de todos para ver si caben por la puerta. No tiene ningún sentido.
Y para terminar de rematar, la justificación científica detrás de esta decisión es más floja que un queque en un aguacero. Mientras el presidente de World Athletics, Sebastian Coe, dice muy campante que la prueba es “fiable” y “no intrusiva”, el científico que descubrió el bendito gen SRY en 1990, Andrew Sinclair, le dice que está completamente equivocado. Sinclair afirma que la ciencia no respalda esa idea tan simplista y que la determinación del sexo biológico es muchísimo más compleja. Hay personas con cromosomas XY que son biológicamente mujeres. O sea, la propia federación está usando una herramienta científica de una forma que la ciencia misma desaprueba. ¡Es el colmo!
Al final del día, lo que queda es un malestar generalizado y una sensación de que World Athletics, en lugar de solucionar un problema, creó uno nuevo y más grande. Obligan a las deportistas a someterse a un examen cuestionable bajo la amenaza de no poder competir, ignorando a la comunidad científica y a las propias atletas a las que dicen proteger. Es una medida que se siente más como una cacería de brujas con pipetas y tubos de ensayo que como una regulación justa y necesaria para el deporte. Un verdadero despiche que mancha la imagen del atletismo justo antes de su evento más importante.
Pero bueno, quiero saber qué piensan ustedes, maes. ¿Es esta prueba genética una herramienta necesaria para mantener la equidad en el deporte femenino o es una completa metida de patas, discriminatoria y basada en ciencia de mala calidad? El debate está abierto.
La vara es así: la Federación Internacional de Atletismo, en su supuesto afán de “proteger el deporte femenino”, ahora exige un test que detecta el gen SRY, ese que está ligado al desarrollo de características masculinas. Si una atleta da negativo, ¡pasa la prueba! Puede seguir con su vida y su carrera. Pero si no… bueno, ahí empieza el problema. La medida ha puesto a todo el mundo con los pelos de punta, y con toda la razón. Atletas de primer nivel, como la campeona olímpica alemana Malaika Mihambo, ya salieron a decir que este chunche es "jurídicamente discutible, éticamente delicado y científicamente simplista". O sea, un desastre por donde se le vea.
Lo más irónico de todo es escuchar a las mismas atletas señalar la hipocresía. Nikki Hiltz, una corredora gringa que se define como no binaria, tiró la pregunta que todos nos hacemos: ¿por qué este enfoque tan obsesivo en la biología y no en problemas reales y urgentes como el dopaje o los entrenadores abusivos? La belga Nafi Thiam, tricampeona olímpica, lo dijo clarito: no se cree el cuento de que esto es para "protegerlas", porque esa nunca ha parecido ser la prioridad. Es como si en la oficina, en lugar de arreglar la gotera del techo, el jefe se pusiera a medir la altura de todos para ver si caben por la puerta. No tiene ningún sentido.
Y para terminar de rematar, la justificación científica detrás de esta decisión es más floja que un queque en un aguacero. Mientras el presidente de World Athletics, Sebastian Coe, dice muy campante que la prueba es “fiable” y “no intrusiva”, el científico que descubrió el bendito gen SRY en 1990, Andrew Sinclair, le dice que está completamente equivocado. Sinclair afirma que la ciencia no respalda esa idea tan simplista y que la determinación del sexo biológico es muchísimo más compleja. Hay personas con cromosomas XY que son biológicamente mujeres. O sea, la propia federación está usando una herramienta científica de una forma que la ciencia misma desaprueba. ¡Es el colmo!
Al final del día, lo que queda es un malestar generalizado y una sensación de que World Athletics, en lugar de solucionar un problema, creó uno nuevo y más grande. Obligan a las deportistas a someterse a un examen cuestionable bajo la amenaza de no poder competir, ignorando a la comunidad científica y a las propias atletas a las que dicen proteger. Es una medida que se siente más como una cacería de brujas con pipetas y tubos de ensayo que como una regulación justa y necesaria para el deporte. Un verdadero despiche que mancha la imagen del atletismo justo antes de su evento más importante.
Pero bueno, quiero saber qué piensan ustedes, maes. ¿Es esta prueba genética una herramienta necesaria para mantener la equidad en el deporte femenino o es una completa metida de patas, discriminatoria y basada en ciencia de mala calidad? El debate está abierto.