Maes, a veces el ajedrez político tico se pone tan, pero tan enredado, que uno necesita un pizarrón y tres cafés para medio entender la jugada. Y la última movida de doña Pilar Cisneros es de esas que te dejan con el signo de pregunta dibujado en la cara. La vara es así de simple y a la vez así de compleja: la jefa de la bancada oficialista va a sudar la camiseta y a gastar suela haciendo campaña por Laura Fernández, la candidata del “rodriguismo”, pero ¡alto ahí! que nadie se confunda, ella no quiere saber absolutamente nada del partido que la postula, el famoso Pueblo Soberano (PPSO). Es como decir que vas a ir a la mejenga, pero que no te hablen del equipo.
Lo más interesante de todo este embrollo son las propias palabras de Cisneros, que no tienen una pizca de desperdicio. Cuando le preguntaron por el partido, soltó una frase que es para enmarcarla en la historia del pragmatismo político criollo: “El partido es el vehículo que nos va a permitir acceder al poder, pudo haber sido ese vehículo u otro vehículo”. ¡Diay! Traducido al buen tico, el partido es básicamente un chunche, un carro de segunda que se usa para llegar del punto A al punto B y que, si se queda botado, pues se busca otro y listo. Esta declaración deja al PPSO en una posición incómoda, casi como ese compa al que solo llaman para que ponga el carro para la fiesta, pero al que no invitan a entrar.
Y la distancia no es solo de palabra. El fin de semana pasado, el PPSO tuvo su Asamblea Nacional para escoger a los candidatos a diputados, el brete más importante para armar el equipo que supuestamente va a gobernar. ¿Y doña Pilar? Brilló por su ausencia. Su justificación fue tan directa que hasta duele: dijo que no tenía “nada que estar haciendo ahí” porque no es miembro del partido ni asambleísta. Claramente, está marcando una línea en la arena, tan gruesa como la trocha fronteriza. Es un mensaje claro: su lealtad es con una persona, Laura Fernández, y no con la estructura que, en teoría, debería darle soporte. El PPSO se quedó esperando a su principal figura y ella ni siquiera se asomó; ¡qué despiche para la organización interna!
Ahora, aquí es donde la trama se pone todavía mejor. Cuando le preguntan a Cisneros qué opina de los candidatos a diputados que ese mismo partido eligió, la gente que tendría que pulsearla con ella en la Asamblea, su respuesta fue un balde de agua fría. Dijo, sin pena alguna, que no conoce “al 80% o más” de los elegidos. ¡Qué torta! Imagínense la escena: la líder del movimiento no tiene ni la más remota idea de quiénes son los soldados que van a ir a la guerra con ella. Esto plantea una duda gigantesca sobre la cohesión y el futuro de este proyecto. ¿Cómo se puede hablar de una “continuidad” si la principal vocera no conoce ni a los que van en el mismo bus? Encima, para ponerle más drama al asunto, el TSE ya tiene frenadas candidaturas en Alajuela y Heredia por broncas internas.
Al final, quedamos con un panorama que es un enredo por donde se le vea. Por un lado, una estrategia que podría ser una jugada maestra para blindar a la candidata del sello “chavista” que algunos le achacan al PPSO, manteniendo una distancia sanitaria. Por otro, parece un castillo de naipes a punto de colapsar, con una líder que no cree en los partidos, un partido que es tratado como un objeto desechable y un montón de candidatos que son básicamente extraños para su propia madrina política. La pregunta para todos en el foro es inevitable: ¿Ustedes qué dicen, maes? ¿Es esta la nueva forma de hacer política, más personalista y menos partidaria, o es la crónica de un proyecto que amenaza con irse al traste antes de que empiece la campaña de verdad?
Lo más interesante de todo este embrollo son las propias palabras de Cisneros, que no tienen una pizca de desperdicio. Cuando le preguntaron por el partido, soltó una frase que es para enmarcarla en la historia del pragmatismo político criollo: “El partido es el vehículo que nos va a permitir acceder al poder, pudo haber sido ese vehículo u otro vehículo”. ¡Diay! Traducido al buen tico, el partido es básicamente un chunche, un carro de segunda que se usa para llegar del punto A al punto B y que, si se queda botado, pues se busca otro y listo. Esta declaración deja al PPSO en una posición incómoda, casi como ese compa al que solo llaman para que ponga el carro para la fiesta, pero al que no invitan a entrar.
Y la distancia no es solo de palabra. El fin de semana pasado, el PPSO tuvo su Asamblea Nacional para escoger a los candidatos a diputados, el brete más importante para armar el equipo que supuestamente va a gobernar. ¿Y doña Pilar? Brilló por su ausencia. Su justificación fue tan directa que hasta duele: dijo que no tenía “nada que estar haciendo ahí” porque no es miembro del partido ni asambleísta. Claramente, está marcando una línea en la arena, tan gruesa como la trocha fronteriza. Es un mensaje claro: su lealtad es con una persona, Laura Fernández, y no con la estructura que, en teoría, debería darle soporte. El PPSO se quedó esperando a su principal figura y ella ni siquiera se asomó; ¡qué despiche para la organización interna!
Ahora, aquí es donde la trama se pone todavía mejor. Cuando le preguntan a Cisneros qué opina de los candidatos a diputados que ese mismo partido eligió, la gente que tendría que pulsearla con ella en la Asamblea, su respuesta fue un balde de agua fría. Dijo, sin pena alguna, que no conoce “al 80% o más” de los elegidos. ¡Qué torta! Imagínense la escena: la líder del movimiento no tiene ni la más remota idea de quiénes son los soldados que van a ir a la guerra con ella. Esto plantea una duda gigantesca sobre la cohesión y el futuro de este proyecto. ¿Cómo se puede hablar de una “continuidad” si la principal vocera no conoce ni a los que van en el mismo bus? Encima, para ponerle más drama al asunto, el TSE ya tiene frenadas candidaturas en Alajuela y Heredia por broncas internas.
Al final, quedamos con un panorama que es un enredo por donde se le vea. Por un lado, una estrategia que podría ser una jugada maestra para blindar a la candidata del sello “chavista” que algunos le achacan al PPSO, manteniendo una distancia sanitaria. Por otro, parece un castillo de naipes a punto de colapsar, con una líder que no cree en los partidos, un partido que es tratado como un objeto desechable y un montón de candidatos que son básicamente extraños para su propia madrina política. La pregunta para todos en el foro es inevitable: ¿Ustedes qué dicen, maes? ¿Es esta la nueva forma de hacer política, más personalista y menos partidaria, o es la crónica de un proyecto que amenaza con irse al traste antes de que empiece la campaña de verdad?