Maes, agárrense porque el tema de hoy está denso. Resulta que este domingo, desde el Vaticano, el papa León XIV se levantó con ganas de no guardarse nada y le mandó un filazo directo a todo el planeta. En plena oración del Ángelus, el pontífice (que para más señas es el primer Papa gringo de la historia) soltó una frase que retumbó más que un bombazo: pidió ponerle fin a la “pandemia de armas”. Así, con todas las letras. Una pandemia que, según él, está matando a un montón de chiquitos todos los santos días, ya sea en guerras declaradas o en crímenes que nos dejan con la boca abierta. ¡Qué torta en la que estamos metidos como humanidad!
Y es que el mae no se jaló esta declaración de la manga. El contexto es lo que le da todo el peso. Apenas la semana pasada vimos el despiche que se armó en Kiev, Ucrania, donde un ataque ruso se llevó a 25 personas, y lo más duro, a cuatro niños. Como si eso no fuera suficiente para que a uno se le revuelva el estómago, también trajo a colación el tiroteo en una misa escolar en Minnesota, en su propio país, donde mataron a dos güilas. O sea, la cosa está que arde por todo lado, y el Papa, lejos de hacerse el loco, conectó los puntos. No es solo un conflicto allá lejos, es una lógica violenta que se está regando como la pólvora por todo el mundo.
La frase exacta que usó, y que soltó en inglés para que le llegara clarito a su gente, fue: “Roguemos a Dios detener la pandemia de armas, grandes y pequeñas, que infecta nuestro mundo”. Y aquí está la clave de toda la vara. El mae no está diferenciando entre el misil que cae en un edificio y la pistola que entra a una escuela. Para él, es el mismo chunche, la misma enfermedad. Está diciendo que la mentalidad de resolver las cosas a punta de bala, ya sea a nivel de ejércitos o de un individuo que se le safó un tornillo, es la raíz del problema. Es un jalón de orejas para los gobiernos que se lucran con la guerra y para las sociedades que normalizan la violencia.
Obviamente, el tema de Ucrania fue central. El Papa no se anduvo por las ramas y le pidió al mundo que por favor “no sucumba a la indiferencia”. Básicamente, nos dijo que ya basta de ver las noticias, decir “¡qué salado!” y seguir con nuestras vidas como si nada. Renovó su “llamado insistente a un alto el fuego inmediato y a un compromiso serio con el diálogo”. Traducido al buen tico: les está diciendo a los líderes mundiales que dejen de jugar de matones, que guarden los juguetes caros y se sienten a hablar como gente civilizada, que ya el planeta no aguanta más sus jueguitos de poder que siempre terminan con gente inocente pagando los platos rotos.
Al final, uno se queda pensando. Un mensaje así, viniendo de una figura como el Papa, tiene un peso simbólico enorme. Es un recordatorio de que, más allá de la política y la economía, hay una crisis moral que nos está carcomiendo. El tipo lo tiene claro: es hora de “renunciar a la lógica de las armas”. Pero diay, la pregunta del millón queda en el aire y por eso se las tiro a ustedes, la gente pensante de este foro: ¿creen que un manotazo en la mesa como este realmente puede cambiar algo? ¿O es como gritarle al viento en medio del despiche mundial que tenemos? ¿Llega a calar en la conciencia de los que toman las decisiones o se queda simplemente en el titular del día? Los leo.
Y es que el mae no se jaló esta declaración de la manga. El contexto es lo que le da todo el peso. Apenas la semana pasada vimos el despiche que se armó en Kiev, Ucrania, donde un ataque ruso se llevó a 25 personas, y lo más duro, a cuatro niños. Como si eso no fuera suficiente para que a uno se le revuelva el estómago, también trajo a colación el tiroteo en una misa escolar en Minnesota, en su propio país, donde mataron a dos güilas. O sea, la cosa está que arde por todo lado, y el Papa, lejos de hacerse el loco, conectó los puntos. No es solo un conflicto allá lejos, es una lógica violenta que se está regando como la pólvora por todo el mundo.
La frase exacta que usó, y que soltó en inglés para que le llegara clarito a su gente, fue: “Roguemos a Dios detener la pandemia de armas, grandes y pequeñas, que infecta nuestro mundo”. Y aquí está la clave de toda la vara. El mae no está diferenciando entre el misil que cae en un edificio y la pistola que entra a una escuela. Para él, es el mismo chunche, la misma enfermedad. Está diciendo que la mentalidad de resolver las cosas a punta de bala, ya sea a nivel de ejércitos o de un individuo que se le safó un tornillo, es la raíz del problema. Es un jalón de orejas para los gobiernos que se lucran con la guerra y para las sociedades que normalizan la violencia.
Obviamente, el tema de Ucrania fue central. El Papa no se anduvo por las ramas y le pidió al mundo que por favor “no sucumba a la indiferencia”. Básicamente, nos dijo que ya basta de ver las noticias, decir “¡qué salado!” y seguir con nuestras vidas como si nada. Renovó su “llamado insistente a un alto el fuego inmediato y a un compromiso serio con el diálogo”. Traducido al buen tico: les está diciendo a los líderes mundiales que dejen de jugar de matones, que guarden los juguetes caros y se sienten a hablar como gente civilizada, que ya el planeta no aguanta más sus jueguitos de poder que siempre terminan con gente inocente pagando los platos rotos.
Al final, uno se queda pensando. Un mensaje así, viniendo de una figura como el Papa, tiene un peso simbólico enorme. Es un recordatorio de que, más allá de la política y la economía, hay una crisis moral que nos está carcomiendo. El tipo lo tiene claro: es hora de “renunciar a la lógica de las armas”. Pero diay, la pregunta del millón queda en el aire y por eso se las tiro a ustedes, la gente pensante de este foro: ¿creen que un manotazo en la mesa como este realmente puede cambiar algo? ¿O es como gritarle al viento en medio del despiche mundial que tenemos? ¿Llega a calar en la conciencia de los que toman las decisiones o se queda simplemente en el titular del día? Los leo.