Mae, a veces uno se mete a redes sociales buscando un par de memes para matar el tiempo y se topa con un despiche que no se esperaba. El encontronazo digital de la semana, sin duda, tiene como protagonistas al comediante Tavo Gamboa y a la actriz venezolana Ana Karina Manco. Para los que vivieron en una cueva estos días, les hago un resumen rápido: la señora Manco vino de visita, se topó con el tráfico de la GAM —¡qué sorpresa!— y se jaló un video diciendo que aquí los conductores somos una manada de agresivos y que la famosa frasecita del "Pura Vida" es puro cuento, un eslogan para vender camisetas a los gringos.
La vara es que la actriz, aparentemente muy afectada por la hostilidad de nuestras carreteras, documentó su mala experiencia y la subió a sus redes. El veredicto fue lapidario: el "Pura Vida" es una hipocresía. Y bueno, todos sabemos cómo somos los ticos cuando nos tocan el orgullo patrio. Se puede meter con el gallo pinto, con la Sele, pero ¡ay de aquel que ose cuestionar el dogma del "Pura Vida"! Es como si nos tocaran a la mamá. La reacción en redes fue inmediata y, como era de esperarse, se armó el zafarrancho entre los que le daban la razón y los que la mandaban a tomarse un tecito de tilo.
Y diay, en medio de la tormenta, no podía faltar el que saliera al quite con una buena dosis de sarcasmo. Tavo Gamboa, ni corto ni perezoso, se mandó con un video de respuesta que es una joya de la diplomacia a la tica. Empezó pidiéndole a sus seguidores, con una ironía filosa, que por favor le bajaran dos rayitas al volante porque la "señora ya está entrada en años" y un colerón de esos le podía pasar la factura. Después, le tiró con todo, acusándola de hacer un drama digno de telenovela venezolana y le recordó, con justa razón, que el caos vial no es un chunche patentado por Tiquicia. Le mencionó México, India y China, lugares donde manejar es prácticamente un deporte extremo.
Pero más allá del vacilón y los memes, el pleito destapó esa olla que a los ticos nos encanta menear de vez en cuando: ¿realmente somos tan "Pura Vida" como decimos? La crítica de Manco, aunque dramática, toca una fibra sensible. Porque, seamos honestos, ¿quién no se ha transformado en un energúmeno en medio de una presa en la General Cañas? El "Pura Vida" se nos olvida rapidito cuando alguien se nos mete sin poner la direccional. Los comentarios al video de Tavo lo reflejan a la perfección: por un lado, los que decían "Mae, es que la doña tiene toda la razón, no soportamos que nos digan la verdad"; y por otro, los ultradefensores del escudo nacional con comentarios como "Chama, al menos aquí come tres veces al día", que ya es meterse en otro terreno más complicado.
Al final del día, este despiche es más que un chisme de farándula. Es un espejo. Tavo usó el humor, que es nuestra arma predilecta, para defender el "chante". Pero la pregunta que dejó Manco en el aire sigue flotando. ¿Somos un país tan acogedor como dice nuestro himno, o esa amabilidad tiene fecha de vencimiento apenas nos subimos al carro? Tal vez el "Pura Vida" no es un estado permanente de felicidad zen, sino más bien una aspiración, una meta que a veces, sobre todo a las 5 de la tarde en Circunvalación, se nos va al traste. Así que, se las dejo picando, maes: ¿Tavo se la jugó como un campeón defendiendo el chante, o la actriz, con todo y su drama, nos pegó una verdad que nos duele aceptar?
La vara es que la actriz, aparentemente muy afectada por la hostilidad de nuestras carreteras, documentó su mala experiencia y la subió a sus redes. El veredicto fue lapidario: el "Pura Vida" es una hipocresía. Y bueno, todos sabemos cómo somos los ticos cuando nos tocan el orgullo patrio. Se puede meter con el gallo pinto, con la Sele, pero ¡ay de aquel que ose cuestionar el dogma del "Pura Vida"! Es como si nos tocaran a la mamá. La reacción en redes fue inmediata y, como era de esperarse, se armó el zafarrancho entre los que le daban la razón y los que la mandaban a tomarse un tecito de tilo.
Y diay, en medio de la tormenta, no podía faltar el que saliera al quite con una buena dosis de sarcasmo. Tavo Gamboa, ni corto ni perezoso, se mandó con un video de respuesta que es una joya de la diplomacia a la tica. Empezó pidiéndole a sus seguidores, con una ironía filosa, que por favor le bajaran dos rayitas al volante porque la "señora ya está entrada en años" y un colerón de esos le podía pasar la factura. Después, le tiró con todo, acusándola de hacer un drama digno de telenovela venezolana y le recordó, con justa razón, que el caos vial no es un chunche patentado por Tiquicia. Le mencionó México, India y China, lugares donde manejar es prácticamente un deporte extremo.
Pero más allá del vacilón y los memes, el pleito destapó esa olla que a los ticos nos encanta menear de vez en cuando: ¿realmente somos tan "Pura Vida" como decimos? La crítica de Manco, aunque dramática, toca una fibra sensible. Porque, seamos honestos, ¿quién no se ha transformado en un energúmeno en medio de una presa en la General Cañas? El "Pura Vida" se nos olvida rapidito cuando alguien se nos mete sin poner la direccional. Los comentarios al video de Tavo lo reflejan a la perfección: por un lado, los que decían "Mae, es que la doña tiene toda la razón, no soportamos que nos digan la verdad"; y por otro, los ultradefensores del escudo nacional con comentarios como "Chama, al menos aquí come tres veces al día", que ya es meterse en otro terreno más complicado.
Al final del día, este despiche es más que un chisme de farándula. Es un espejo. Tavo usó el humor, que es nuestra arma predilecta, para defender el "chante". Pero la pregunta que dejó Manco en el aire sigue flotando. ¿Somos un país tan acogedor como dice nuestro himno, o esa amabilidad tiene fecha de vencimiento apenas nos subimos al carro? Tal vez el "Pura Vida" no es un estado permanente de felicidad zen, sino más bien una aspiración, una meta que a veces, sobre todo a las 5 de la tarde en Circunvalación, se nos va al traste. Así que, se las dejo picando, maes: ¿Tavo se la jugó como un campeón defendiendo el chante, o la actriz, con todo y su drama, nos pegó una verdad que nos duele aceptar?