Maes, pónganse a pensar un toque: 40 años. En tiempos donde un negocio a duras penas sobrevive la pandemia o la última crisis, cumplir cuatro décadas es una proeza. Y eso es exactamente lo que acaba de celebrar la Zona Franca ZETA en Cartago. Obvio, la fiesta estuvo a cachete, con el presi Rodrigo Chaves, ministros y todo el protocolo, pero más allá de la foto bonita, la vara que de verdad importa es el fondo: ¿cómo lo hicieron? ¿Cómo pasaron de ser una idea en media crisis a un ecosistema que le da brete a más de 6,300 personas?
Lo primero que salta a la vista es que esto no es solo un montón de edificios y bodegas. Diay, estamos hablando del lugar que le abrió la puerta a todo el modelo de zonas francas en Costa Rica. Cuando doña Donatella Zingone arrancó con esto por allá en los 60, el país estaba en otra. La idea de atraer inversión extranjera era casi ciencia ficción. Que una mujer liderara un proyecto de esa magnitud en esa época... ¡qué nivel! Esa señora fue una visionaria, una carga total. Se la jugó cuando nadie más lo hacía y transformó a Cartago de una provincia principalmente agrícola a un hub de innovación que hoy exporta chunches de altísimo valor, como dispositivos médicos y software.
Pero los números fríos no cuentan toda la historia. El dato que de verdad me voló la cabeza es que el 51% de la gente que trabaja ahí son mujeres. ¡Más de la mitad! En un país donde todavía luchamos por la equidad, ZETA lleva décadas demostrando que se puede. No es un discurso de ahora para quedar bien, es algo que está en su ADN. Cesare Zingone, el presi actual e hijo de la fundadora, lo dijo clarito: "Nuestro mayor orgullo está en la gente". Y no suena a casete, mae. Tienen hasta una guardería, el Centro Infantil Renzo Zingone, para que los empleados puedan ir a bretear tranquilos sabiendo que sus hijos están bien cuidados. ¡Qué chiva esa movida! Eso es pensar con sentido humano, no solo con la billetera.
La evolución también es para quitarse el sombrero. Empezaron como una maquila, el modelo clásico de los 80, pero no se quedaron pegados en el pasado. Supieron leer el mercado y se transformaron en un ecosistema para empresas de tecnología, ingeniería y servicios. Pasaron de ensamblar a diseñar y crear. Esa capacidad de adaptarse es, quizás, el secreto mejor guardado. Como dijo Zingone, la clave no es resistir el cambio, sino evolucionar con él. Un consejo que le caería bien a más de una institución en este país, ¿no creen?
Al final, la celebración de estos 40 años es más que un aniversario. Es la prueba de que cuando se hacen las cosas bien, con visión a largo plazo y poniendo a la gente primero, los resultados llegan. ZETA no solo genera empleos y exportaciones; genera oportunidades, transforma comunidades y le demuestra al resto de la región que en este pedacito de tierra llamado Costa Rica se pueden hacer varas muy grandes y muy tuanis. Es un legado que va más allá de Cartago y que nos deja una pregunta importante sobre la mesa.
Así que, abro el debate en el foro: ¿Creen que el modelo de ZETA, con ese enfoque en equidad, sostenibilidad y evolución, se puede replicar con éxito en otras zonas del país que lo necesitan con urgencia, o fue una combinación única de buen timing, liderazgo y hasta un poco de suerte brumosa?
Lo primero que salta a la vista es que esto no es solo un montón de edificios y bodegas. Diay, estamos hablando del lugar que le abrió la puerta a todo el modelo de zonas francas en Costa Rica. Cuando doña Donatella Zingone arrancó con esto por allá en los 60, el país estaba en otra. La idea de atraer inversión extranjera era casi ciencia ficción. Que una mujer liderara un proyecto de esa magnitud en esa época... ¡qué nivel! Esa señora fue una visionaria, una carga total. Se la jugó cuando nadie más lo hacía y transformó a Cartago de una provincia principalmente agrícola a un hub de innovación que hoy exporta chunches de altísimo valor, como dispositivos médicos y software.
Pero los números fríos no cuentan toda la historia. El dato que de verdad me voló la cabeza es que el 51% de la gente que trabaja ahí son mujeres. ¡Más de la mitad! En un país donde todavía luchamos por la equidad, ZETA lleva décadas demostrando que se puede. No es un discurso de ahora para quedar bien, es algo que está en su ADN. Cesare Zingone, el presi actual e hijo de la fundadora, lo dijo clarito: "Nuestro mayor orgullo está en la gente". Y no suena a casete, mae. Tienen hasta una guardería, el Centro Infantil Renzo Zingone, para que los empleados puedan ir a bretear tranquilos sabiendo que sus hijos están bien cuidados. ¡Qué chiva esa movida! Eso es pensar con sentido humano, no solo con la billetera.
La evolución también es para quitarse el sombrero. Empezaron como una maquila, el modelo clásico de los 80, pero no se quedaron pegados en el pasado. Supieron leer el mercado y se transformaron en un ecosistema para empresas de tecnología, ingeniería y servicios. Pasaron de ensamblar a diseñar y crear. Esa capacidad de adaptarse es, quizás, el secreto mejor guardado. Como dijo Zingone, la clave no es resistir el cambio, sino evolucionar con él. Un consejo que le caería bien a más de una institución en este país, ¿no creen?
Al final, la celebración de estos 40 años es más que un aniversario. Es la prueba de que cuando se hacen las cosas bien, con visión a largo plazo y poniendo a la gente primero, los resultados llegan. ZETA no solo genera empleos y exportaciones; genera oportunidades, transforma comunidades y le demuestra al resto de la región que en este pedacito de tierra llamado Costa Rica se pueden hacer varas muy grandes y muy tuanis. Es un legado que va más allá de Cartago y que nos deja una pregunta importante sobre la mesa.
Así que, abro el debate en el foro: ¿Creen que el modelo de ZETA, con ese enfoque en equidad, sostenibilidad y evolución, se puede replicar con éxito en otras zonas del país que lo necesitan con urgencia, o fue una combinación única de buen timing, liderazgo y hasta un poco de suerte brumosa?