Mae, seamos honestos. La carrera para las elecciones del 2026 ya empezó, pero parece que el primer round no es de propuestas, sino de pleitos internos. Entre que un partido no define sus asambleas, que en otro se brincan los estatutos para poner a un compa de a dedo, o que a un militante no lo dejan ni participar, la cosa se ha puesto color de hormiga. Y cuando se arma el despiche, ¿a quién llaman? Pues parece que el número de emergencia de la política tica es el del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), y el arma secreta de los disconformes es el famoso “amparo electoral”. Ya van 80 solo este año, ¡imagínense el brete que tienen!
Pero diay, ¿qué es esa vara del amparo electoral y por qué todo el mundo está corriendo a poner uno? Piénselo así: es el salvavidas del ciudadano de a pie. Es un recurso legal diseñado para ser absurdamente sencillo. Usted no necesita contratar a un abogado que le cobre un ojo de la cara ni redactar un documento en latín. ¡Para nada! Es, básicamente, un escrito donde usted, con sus propias palabras, le cuenta al TSE la torta que se jalaron en su partido y cómo eso le está afectando sus derechos políticos. Por ejemplo, si no lo dejaron votar en una asamblea, si cambiaron las reglas a medio partido o si siente que el proceso para elegir candidatos fue un puro chorizo. Es la forma de decirle a los magistrados: “Maes, ¡ayuda! Aquí se están brincando las trancas”.
Ahora, no es que usted manda el papel y al día siguiente le dan la razón. El TSE tiene su proceso, su propio brete para analizar la vara. Primero, los magistrados le echan un ojo para ver si el reclamo tiene pies y cabeza, o sea, si de verdad se trata de un derecho político-electoral. En esta etapa, se lo pueden batear de una si, por ejemplo, lo que usted quería era impugnar un resultado (para eso hay otro chunche legal) o si simplemente concluyen que no hubo ninguna violación. Pero si le dan luz verde, ¡agárrense! El TSE le da tres días al partido político para que responda por escrito y explique por qué se mandaron con todo. Es como ponerlos contra la pared para que den la cara.
Y aquí viene lo más importante: el alcance de este recurso. Si los magistrados le dan la razón (lo que se llama “declarar con lugar el recurso”), las consecuencias pueden ser un verdadero terremoto para un partido. No es que van a multar a nadie o a meter a alguien a la cárcel, no funciona así. Pero sí pueden hacer algo más potente: anular por completo una decisión. Pueden, por ejemplo, ordenar que se repita una asamblea entera porque estuvo mal hecha. O, todavía más carga, pueden decirle al partido que una de sus propias reglas internas (sus estatutos) no se puede aplicar porque viola derechos fundamentales. Es, en esencia, el TSE diciéndole a una agrupación: “Su reglamento interno no está por encima de la Constitución”.
Al final, toda esta ola de amparos electorales nos deja pensando. Por un lado, es una señal de que la gente está más empoderada y no se queda callada ante lo que considera injusto, lo cual es una muy buena vara para la democracia. Es una herramienta poderosa para el militante que se enfrenta a la maquinaria de un partido. Pero por otro, ¿no será que el nivel de desorden y conflicto interno en los partidos ha llegado a un punto crítico? Que la gente tenga que recurrir masivamente al TSE para resolver sus broncas caseras habla bastante mal de la madurez de nuestras agrupaciones políticas. ¿Ustedes qué opinan? ¿Es esto un síntoma de una democracia sana donde la gente pelea por sus derechos, o la prueba de que nuestros partidos políticos están hechos un despiche por dentro? ¡Los leo en los comentarios!
Pero diay, ¿qué es esa vara del amparo electoral y por qué todo el mundo está corriendo a poner uno? Piénselo así: es el salvavidas del ciudadano de a pie. Es un recurso legal diseñado para ser absurdamente sencillo. Usted no necesita contratar a un abogado que le cobre un ojo de la cara ni redactar un documento en latín. ¡Para nada! Es, básicamente, un escrito donde usted, con sus propias palabras, le cuenta al TSE la torta que se jalaron en su partido y cómo eso le está afectando sus derechos políticos. Por ejemplo, si no lo dejaron votar en una asamblea, si cambiaron las reglas a medio partido o si siente que el proceso para elegir candidatos fue un puro chorizo. Es la forma de decirle a los magistrados: “Maes, ¡ayuda! Aquí se están brincando las trancas”.
Ahora, no es que usted manda el papel y al día siguiente le dan la razón. El TSE tiene su proceso, su propio brete para analizar la vara. Primero, los magistrados le echan un ojo para ver si el reclamo tiene pies y cabeza, o sea, si de verdad se trata de un derecho político-electoral. En esta etapa, se lo pueden batear de una si, por ejemplo, lo que usted quería era impugnar un resultado (para eso hay otro chunche legal) o si simplemente concluyen que no hubo ninguna violación. Pero si le dan luz verde, ¡agárrense! El TSE le da tres días al partido político para que responda por escrito y explique por qué se mandaron con todo. Es como ponerlos contra la pared para que den la cara.
Y aquí viene lo más importante: el alcance de este recurso. Si los magistrados le dan la razón (lo que se llama “declarar con lugar el recurso”), las consecuencias pueden ser un verdadero terremoto para un partido. No es que van a multar a nadie o a meter a alguien a la cárcel, no funciona así. Pero sí pueden hacer algo más potente: anular por completo una decisión. Pueden, por ejemplo, ordenar que se repita una asamblea entera porque estuvo mal hecha. O, todavía más carga, pueden decirle al partido que una de sus propias reglas internas (sus estatutos) no se puede aplicar porque viola derechos fundamentales. Es, en esencia, el TSE diciéndole a una agrupación: “Su reglamento interno no está por encima de la Constitución”.
Al final, toda esta ola de amparos electorales nos deja pensando. Por un lado, es una señal de que la gente está más empoderada y no se queda callada ante lo que considera injusto, lo cual es una muy buena vara para la democracia. Es una herramienta poderosa para el militante que se enfrenta a la maquinaria de un partido. Pero por otro, ¿no será que el nivel de desorden y conflicto interno en los partidos ha llegado a un punto crítico? Que la gente tenga que recurrir masivamente al TSE para resolver sus broncas caseras habla bastante mal de la madurez de nuestras agrupaciones políticas. ¿Ustedes qué opinan? ¿Es esto un síntoma de una democracia sana donde la gente pelea por sus derechos, o la prueba de que nuestros partidos políticos están hechos un despiche por dentro? ¡Los leo en los comentarios!