Maes, seamos honestos. A veces la rutina de la ciudad cansa. Entre la presa, el teletrabajo que se siente eterno y el ruido constante, uno siente que necesita un respiro de verdad, de esos que llenan los pulmones de aire puro y no de humo de buseta. Pues bueno, si usted es de los míos y anda buscando cómo conectar de nuevo con el verdor de esta tierra, ponga atención, porque salió una oportunidad que está ¡qué chiva!
Resulta que el Refugio de Vida Silvestre La Marta, esa joya que tenemos metida en las montañas cerca del Parque Nacional Tapantí, acaba de abrir convocatoria para voluntarios. Y no, no es para ir a tomarse selfies con un perezoso (aunque chance y ve uno). La vara es seria y es un brete fundamental. Están buscando gente, tanto ticos como extranjeros, que quiera meter el hombro para proteger más de 1.500 hectáreas de bosque. ¡Un pichazo de terreno! Este lugar no es cualquier finquita; es parte de un corredor biológico clave que usan un montón de especies para moverse por el país. Piensen en esto como la Autopista del Sol para dantas, jaguares y cientos de bichos más. Si ese corredor se corta, ¡qué despiche se arma para el ecosistema!
Diay, ¿y en qué consiste el brete? Aquí es donde la cosa se pone tuanis. Las tareas van desde mantenimiento y mejora de senderos (para que los caminantes no se jalen una torta y terminen en un guindo), hasta apoyar en investigaciones científicas, pasando por la construcción de rótulos y la limpieza de áreas comunes. Básicamente, es ponerse las botas y entrarle de verdad a la conservación. No es solo un voluntariado para poner en el currículum, es una experiencia para embarrialarse las manos y los pies por una causa que vale la pena. La oportunidad de meter mano en un proyecto así de importante es, sinceramente, ¡qué carga!
Ahora, seguro más de uno está pensando: "Uff, mae, pero yo no estoy en la condición física de un guía del Chirripó". ¡Tranquilos! Aquí viene lo mejor. Según Mariechen Lang, la vicerrectora de La Marta, los requisitos son más de actitud que de otra cosa. Lo que piden es tener "una buena actitud, amor por la naturaleza, proactividad y disposición para proponer mejoras". O sea, no hay que ser Rambo, solo tener ganas, ser un poquillo movido y no ser un juega de vivo. Ella misma aclara que aunque hay tareas que exigen físicamente, hasta las labores más pequeñas hacen una diferencia gigante. Cada piedra que uno mueve en un sendero o cada dato que ayuda a registrar cuenta.
Así que ya saben, si andan buscando un plan diferente, algo con propósito que los saque de la rutina y les permita ser parte de la solución, esta es la señal. Es una oportunidad de oro para conocer gente nueva, aprender un montón sobre nuestros bosques y, de paso, contribuir a que Costa Rica siga siendo ese paraíso verde del que tanto nos enorgullecemos. Para más info, pueden tirar un mensaje al WhatsApp +506 8743-9822 o escribir a los correos [email protected] y [email protected]. ¡Pónganse las pilas! Y ahora, la pregunta para el foro: ¿Se apuntarían a una vara así? ¿Han hecho voluntariado de este tipo antes? ¡Cuenten sus historias y anécdotas, buenas o malas!
Resulta que el Refugio de Vida Silvestre La Marta, esa joya que tenemos metida en las montañas cerca del Parque Nacional Tapantí, acaba de abrir convocatoria para voluntarios. Y no, no es para ir a tomarse selfies con un perezoso (aunque chance y ve uno). La vara es seria y es un brete fundamental. Están buscando gente, tanto ticos como extranjeros, que quiera meter el hombro para proteger más de 1.500 hectáreas de bosque. ¡Un pichazo de terreno! Este lugar no es cualquier finquita; es parte de un corredor biológico clave que usan un montón de especies para moverse por el país. Piensen en esto como la Autopista del Sol para dantas, jaguares y cientos de bichos más. Si ese corredor se corta, ¡qué despiche se arma para el ecosistema!
Diay, ¿y en qué consiste el brete? Aquí es donde la cosa se pone tuanis. Las tareas van desde mantenimiento y mejora de senderos (para que los caminantes no se jalen una torta y terminen en un guindo), hasta apoyar en investigaciones científicas, pasando por la construcción de rótulos y la limpieza de áreas comunes. Básicamente, es ponerse las botas y entrarle de verdad a la conservación. No es solo un voluntariado para poner en el currículum, es una experiencia para embarrialarse las manos y los pies por una causa que vale la pena. La oportunidad de meter mano en un proyecto así de importante es, sinceramente, ¡qué carga!
Ahora, seguro más de uno está pensando: "Uff, mae, pero yo no estoy en la condición física de un guía del Chirripó". ¡Tranquilos! Aquí viene lo mejor. Según Mariechen Lang, la vicerrectora de La Marta, los requisitos son más de actitud que de otra cosa. Lo que piden es tener "una buena actitud, amor por la naturaleza, proactividad y disposición para proponer mejoras". O sea, no hay que ser Rambo, solo tener ganas, ser un poquillo movido y no ser un juega de vivo. Ella misma aclara que aunque hay tareas que exigen físicamente, hasta las labores más pequeñas hacen una diferencia gigante. Cada piedra que uno mueve en un sendero o cada dato que ayuda a registrar cuenta.
Así que ya saben, si andan buscando un plan diferente, algo con propósito que los saque de la rutina y les permita ser parte de la solución, esta es la señal. Es una oportunidad de oro para conocer gente nueva, aprender un montón sobre nuestros bosques y, de paso, contribuir a que Costa Rica siga siendo ese paraíso verde del que tanto nos enorgullecemos. Para más info, pueden tirar un mensaje al WhatsApp +506 8743-9822 o escribir a los correos [email protected] y [email protected]. ¡Pónganse las pilas! Y ahora, la pregunta para el foro: ¿Se apuntarían a una vara así? ¿Han hecho voluntariado de este tipo antes? ¡Cuenten sus historias y anécdotas, buenas o malas!