Diay maes, seamos honestos: la hora de entrada y salida de las escuelas en este país a veces parece una escena de Mad Max. Carros en doble fila, güilas corriendo por media calle, el del bus pitando y uno haciendo malabares para no llegar tarde al brete. Es un despiche organizado. Por eso, cuando sale una noticia como esta, uno dice: ¡qué buena vara! Resulta que el MEP y la gente de Grupo Purdy se pusieron las pilas y armaron un concurso llamado “Camino Seguro a la Escuela” para premiar a los centros educativos que presentaran las mejores ideas para arreglar este caos.
La movida no es nueva, el programa como tal existe desde el 2016, pero este año le metieron el acelerador con este concurso. La idea era simple, pero potente: que las mismas comunidades educativas, o sea, profes, tatas y mamás, se sentaran a pensar cómo hacer más seguro el trayecto de los chiquillos. Diez escuelas de todo el país le entraron al reto, desde Pérez Zeledón hasta Liberia, pasando por chepe y Alajuela. El brete era serio: armar un comité, analizar los peligros de su zona y proponer soluciones concretas. Una iniciativa súper chiva que le da poder a la gente que vive el problema todos los días.
Y bueno, vamos al grano que es lo que nos interesa. ¿Quiénes fueron los cargas de esta primera edición? Apunten ahí: la escuela Otto Hubbe de San José, Nuestra Señora de Fátima de Cartago, la escuela de Itiquís en Alajuela y La Peregrina de la Uruca. Cada una de estas instituciones se mandó con propuestas tan buenas que se ganaron el premio gordo. Y no hablamos de una medalla y una palmadita en la espalda. Cada escuela ganadora se llevó para la casa un premio de $5,000, que al tipo de cambio de hoy es un platal... ¡casi dos melones y medio! Esa plata es para hacer realidad sus proyectos, que van a beneficiar a casi 1,500 estudiantes. ¡A cachete!
Obviamente, la gente del MEP y de Purdy están que no caben de la contentera. Jacqueline Badilla, la Directora de Vida Estudiantil del MEP, dijo algo clave: que la seguridad en el camino a la escuela es un derecho de los estudiantes y que estas alianzas son las que permiten crear entornos más seguros. Por su lado, Ana María Sequeira, de Grupo Purdy, reafirmó su compromiso no solo con la plata, sino con el seguimiento. O sea, no es solo soltar el billete y adiós, le van a dar pelota a la vara para asegurarse de que los proyectos se hagan bien y funcionen. Eso le da un montón de seriedad al asunto.
Lo más tuanis de todo este chunche es que no muere aquí. El éxito fue tal que Grupo Purdy ya soltó la sopa y confirmó que en 2026 tiran la casa por la ventana con una nueva edición del concurso. Esto significa que más escuelas van a tener la oportunidad de pulsearla y mejorar la seguridad de sus güilas. A fin de cuentas, se trata de que los chiquillos aprendan, no de que tengan que andar esquivando carros como si estuvieran en un videojuego. Ahora les tiro la bola a ustedes, maes del foro: **¿Qué problemas de seguridad vial ven todos los días cerca de las escuelas de su barrio? ¿Se les ocurre alguna idea, por más loca que parezca, para solucionarlo?**
La movida no es nueva, el programa como tal existe desde el 2016, pero este año le metieron el acelerador con este concurso. La idea era simple, pero potente: que las mismas comunidades educativas, o sea, profes, tatas y mamás, se sentaran a pensar cómo hacer más seguro el trayecto de los chiquillos. Diez escuelas de todo el país le entraron al reto, desde Pérez Zeledón hasta Liberia, pasando por chepe y Alajuela. El brete era serio: armar un comité, analizar los peligros de su zona y proponer soluciones concretas. Una iniciativa súper chiva que le da poder a la gente que vive el problema todos los días.
Y bueno, vamos al grano que es lo que nos interesa. ¿Quiénes fueron los cargas de esta primera edición? Apunten ahí: la escuela Otto Hubbe de San José, Nuestra Señora de Fátima de Cartago, la escuela de Itiquís en Alajuela y La Peregrina de la Uruca. Cada una de estas instituciones se mandó con propuestas tan buenas que se ganaron el premio gordo. Y no hablamos de una medalla y una palmadita en la espalda. Cada escuela ganadora se llevó para la casa un premio de $5,000, que al tipo de cambio de hoy es un platal... ¡casi dos melones y medio! Esa plata es para hacer realidad sus proyectos, que van a beneficiar a casi 1,500 estudiantes. ¡A cachete!
Obviamente, la gente del MEP y de Purdy están que no caben de la contentera. Jacqueline Badilla, la Directora de Vida Estudiantil del MEP, dijo algo clave: que la seguridad en el camino a la escuela es un derecho de los estudiantes y que estas alianzas son las que permiten crear entornos más seguros. Por su lado, Ana María Sequeira, de Grupo Purdy, reafirmó su compromiso no solo con la plata, sino con el seguimiento. O sea, no es solo soltar el billete y adiós, le van a dar pelota a la vara para asegurarse de que los proyectos se hagan bien y funcionen. Eso le da un montón de seriedad al asunto.
Lo más tuanis de todo este chunche es que no muere aquí. El éxito fue tal que Grupo Purdy ya soltó la sopa y confirmó que en 2026 tiran la casa por la ventana con una nueva edición del concurso. Esto significa que más escuelas van a tener la oportunidad de pulsearla y mejorar la seguridad de sus güilas. A fin de cuentas, se trata de que los chiquillos aprendan, no de que tengan que andar esquivando carros como si estuvieran en un videojuego. Ahora les tiro la bola a ustedes, maes del foro: **¿Qué problemas de seguridad vial ven todos los días cerca de las escuelas de su barrio? ¿Se les ocurre alguna idea, por más loca que parezca, para solucionarlo?**